El Apego
El Apego

Todo nace en la mente: las formas e ideas del mundo material y la manifestación del defecto sicológico. La mente se impregna de imágenes y sensaciones, que a la vez se convierten en más defectos y, de estos, los más complicados son los que tienen que ver con el mundo sensorial, como son la lujuria, la gula y la avaricia, pues se aferran a un bien efímero, lo desean y lo gozan en una inconsciente ilusión.

El apego se genera a través de esta sensación física de pertenencia y consecución, basada casi completamente en la gran soledad que siente el alma humana, ya que no ha logrado encontrar la esencia de la verdad y la pureza. Mientras siga sin guía espiritual de su propio ser interior, no podrá alejar esta soledad. Es aquí cuando las personas se rodean de cosas y de afecto de personas, se acostumbran a ellos y los vuelven parte de su vida. Es tanto el apego que se genera, que al desaparecer o cambiar de manos causa una gran desdicha en aquellos que han fundamentado su vida en el aspecto irreal del mundo de las formas.

Cuanto más tiempo estén los apegos en nuestra vida, más fuerza van ganando y cada vez se vuelve más difícil borrarlos o transformarlos. Son apegos que van implicando variados factores de la vida, por lo que los vuelve más complejos. Un ejemplo muy claro de apegos complejos son los defectos sexuales, que son grandes y difíciles de transformar, la atracción física unida al placer produce el desarrollo de una expectativa sobre un cuerpo físico y es algo que difícilmente se puede olvidar.

Muchas veces, nuestros valores difieren si hay un apego de por medio, llevándonos a sacrificar nuestro propio desarrollo interno, la educación personal y la misma evolución de los hijos, por ir tras una ilusión de algo tan transitorio e irreal, que acabará demasiado pronto.

Tenemos que aceptar que las cosas y las personas son pasajeras, que se desarrollarán relaciones, pero que estas en algún momento acabarán. Si durante este proceso no tenemos en mente un sentimiento profundo de préstamo con los objetos y si no generamos lazos de amor y amistad realmente fuertes con las personas, el fin llegará pronto y el sufrimiento será increíble.

El señor Siddhartha decía: “El sufrimiento nace del apego y el deseo”, “Todo en la vida es dolor porque todo pasa” y “El que quiera acabar con el deseo, debe observar el camino de las ocho vías”.  Solo despertando conciencia en los mundos superiores es posible erradicar el apego.

La conciencia es la llegada a nuestra vida, es la destrucción de todos los apegos, deseos y yos; es la presencia de la purísima energía crística en todos los actos de nuestra vida y en todos nuestros cuerpos. Conciencia es la conexión permanente del ser interior con nuestro cuerpo y mente, por esto, también es meditación. Es necesario despertar, admitir que estamos apegados, saber de la utilidad de las cosas y del amor infinito que puede existir entre las personas, pero también es esencial darle órdenes a la mente para eliminar el apego, trabajar síquicamente en el síndrome de posesión y de pertenencia, y rogarle al Cristo de nuestro corazón que destruya y purifique el apego y el deseo.


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