Los elementales de las plantas
Los elementales de las plantas

Los seres humanos tendemos a olvidar verdades absolutas y trascendentales. Desde muy pequeños, sabemos con la razón y el corazón la importancia del reino vegetal en el equilibrio de la Tierra, pero solemos olvidarlo y priorizar otros conceptos.

Las plantas son ‘máquinas’ extraordinarias, fábricas de vida que convierten pocos elementos, con ayuda de la luz solar, en alimento para sí mismas, para los animales y para el hombre. Y, no solo los alimentan, sino que les dan techo y abrigo.

Un elemento que generalmente pasa inadvertido es el alma elemental, el espíritu dévico de las plantas. Los devas, recordemos, son seres de evolución increíble que están encargados de establecer un vínculo con la humanidad y manejar el delicado equilibrio físico-astral. Ahora bien, los gnomos y las hadas de las plantas son ese pequeño detalle que el mundo olvida, sin tener en cuenta que sus fuerzas, bien combinadas, pueden ofrecer una solución verdadera para muchos de nuestros problemas físicos, astrales y síquicos.

Toda hierba, árbol, arbusto, enredadera, planta silvestre, grama, musgo, liquen, etc. tiene un elemental que dirige su proceso de crecimiento físico-astral y que sigue sencillas leyes naturales, que eventualmente pueden magnificar su potencia de acción y ser parte de un proceso de sanación o transferencia energética.

Cuando cerramos una planta, estamos enunciando el poder del desdoblamiento divino en diversas manifestaciones, también divinas, y el grandioso poder del nombre sagrado de Dios. Las plantas son sensibles a nuestra intención, conciencia e intuición, y como resultado hacen un registro completo de su cuerpo físico, activando tanto su concentración de sustancias de proceso, como su energía latente. Lo hacen con la música, los mantras, los puntos equinocciales y se sintonizan con nosotros en la meditación; son sensibles a nuestra actitud positiva y llegan hasta deprimir su aura, culminando en la muerte cuando captan en nosotros profunda melancolía o una corriente negativa.

Los elementales son como niños sabios que están dispuestos a ayudar energéticamente en cualquier momento, pero ellos siguen ciertas reglas, y nosotros no solo debemos comprenderlas, sino conocer cómo nuestro actuar, pensamiento y estado de ánimo los afectan.

Un ejemplo claro de esto es cocinar: cuando estamos preparando comida, estamos realizando un proceso de transformación en el que los ingredientes naturales, como la papa, la espinaca o la remolacha, tienen un elemental adormecido, vivo y con energía latente. Este elemental es sensible a nuestra actitud al momento de cocinar o comer, por lo que, si lo hacemos con alegría y positivismo, agradeciendo sus bendiciones, será una comida deliciosa y benéfica para el organismo. En caso contrario, si cocinamos con actitud negativa, las plantas deprimirán su energía, llegando a su mínima expresión. Como consecuencia, la comida no será agradable y su efecto en el organismo será neutro o negativo; la transferencia de energía será mínima.

Cuando las plantas se trabajan con un fin de transferencia de energía, el tratamiento del elemental y la planta debe ser muy riguroso: la planta debe ser cultivada apropiadamente, sin pesticidas o químicos, cosechada en el momento ideal, en su maduración adecuada y secada a una temperatura baja, con el fin de no matarla, sino adormecerla.

Las plantas deben ser combinadas correctamente y previamente identificadas en su calidad, especie y variedad. El secado es muy importante y, sin importar el proceso, se deben mantener intactos sus aceites esenciales. Muchos negociantes empacan cualquier cosa con el fin de vender un producto y, dada la desinformación, muchos usuarios caen en la trampa, pero, afortunadamente, cada vez se conoce más sobre el contenido, sobre los elementos de calidad y los procesos a conciencia.


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