La ‘Era Dorada’ de los mayas
La ‘Era Dorada’ de los mayas

Hemos comentado en varias oportunidades que los mayas contaban con dos calendarios:

  1. El Haab: un calendario básico que presenta un año de 365 días, como el nuestro.
  2. El Tzolkín: el calendario sagrado, de 260 días, que cada 52 años se ajusta para corregir la fracción sobrante.


Lo curioso de estos dos calendarios es que en cada ciclo de 52 años las ruedas dentadas y sus líneas coinciden a la perfección. Con cada ciclo comienza una nueva era y, el 5 de febrero del 2014, inició el primer ciclo de la vaticinada ‘Era Dorada’: una época de luz anunciada por grandes seres desde tiempos inmemoriales.

Los mayas también poseían las estelas de la predicción o las piedras del futuro, códices que enterraban con pétalos cuyas inscripciones contaban lo que sucederá. En algunas de estas piedras se habla de nuestro tiempo, de la Era Dorada, en la que, por medio de dibujos, se narra cómo llegaría una época de climas extremos, de incertidumbre humana y de artefactos milagrosos. El hombre aún tendría la memoria sagrada perdida, pero poseería la esperanza en el corazón, con la que entraría a una época de recuperación de la memoria y de la razón.

Esto es absolutamente maravilloso, pero resulta aún más sorprendente cuando observamos que otras personas y otras culturas han hablado de la misma forma de esta época futura. Un ejemplo de esto es ‘La Eneida’, de Virgilio, escritor y profeta que vivió hace más de dos mil años en lo que hoy es Italia. En sus narraciones habla del futuro de forma increíble, con detalles sobrecogedores; de cómo Roma y Grecia decaerían, dejando de ser el centro del mundo. Habla también de la llegada de Jesús a tierras de grandes confrontaciones y lo hace a través de simbología, pero con mucha claridad; de cómo su centro se establecerá en Roma, y no sería militar, sino de jerarquía de la mente. En los pequeños escritos llamados ‘églogas’, Virgilio también habla de un futuro lejano y describe la época que estamos viviendo como la ‘Edad de Oro de Apolo’, en la que renacería la memoria de la nueva raza que desciende de aquellos venidos del Alto Cielo.

Virgilio habla del nacimiento de otro niño, aquel que llamaría la conciencia de todos los mortales y que sería revestido y adornado con los dones del padre. Este niño regresaría el esplendor de la naturaleza y desaparecería la enfermedad y la maldad de la Tierra. Pero esto no será fácil, aún quedarán murallas y guerras que llegan desde lejos, que no serán por terrenos, como en estos tiempos, sino que se darán por riqueza, poder y por nuevos dioses, y “después de que un nuevo y cruel Aquiles caiga de nuevo sobre la Nueva Troya, se alcanzará a unir la paz con los milagros”.

Sobre lo anterior se han hecho muchas especulaciones, suponiendo que la Nueva Troya es Roma y que la guerra viene de Occidente. Cuando Virgilio habla de magia y artefactos, seguramente se refiere a la maquinaria y a los adelantos de la modernidad.

Ahora bien, sus palabras sobre el nacimiento de un segundo niño son claras y maravillosas. Se refiere al Niño de Oro de la alquimia, a la segunda venida de Cristo o a la recuperación de la conciencia. Virgilio habla del nacimiento del niño entre nosotros y de cómo en todos nosotros cambiará y revolucionará los tiempos. La memoria será distinta, el recuerdo estará lleno de luz, y dice: “Concluirá la pesada Edad de Hierro y empezará la de Oro en todo el mundo, el reinado de Apolo”.

En las églogas y en las bucólicas de Virgilio se habla claramente de la “sensibilidad espiritual”, de la era en la que salen a la luz las memorias escondidas y, tal como los mayas, él también afirma que las memorias están escondidas en nosotros mismos y que es un tesoro que no podemos ver, por indiferencia.

Los mayas dicen que esta es la era de la pirámide, de la miel en los ojos y las telas de Ixchel. Esto es bellísimo. Cuando hablan de las pirámides, se refieren a la columna y a la médula espinal; cuando hablan de la miel en los ojos, se refieren a la meditación; y cuando hablan de las telas de Ixchel, se refieren a la madre naturaleza, referida como araña que teje la red del mundo, como el tantra de los hindúes: esa comunicación del corazón que une a todos los seres en vasos comunicantes.

Los mayas hablan también de la nueva humanidad de piel bronceada, que redescubrirá los misterios de la memoria, y dicen que “este conocimiento llega de donde no se piensa, de donde no se cree”.

Hoy, vemos cómo el hombre ha identificado que el centro de la medicina es el sistema nervioso central, y lentamente vamos hacia el descubrimiento desde la ciencia; estamos en la ‘Era Dorada’ de la que tanto han hablado grandes seres en el pasado.


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