La reencarnación en el cristianismo
La reencarnación en el cristianismo

En el programa, en varias ocasiones, hemos mencionado que el cristianismo primitivo nos habla claramente de la reencarnación. De hecho, en todos los libros antiquísimos encontramos pasajes que con el tiempo cambiaron a “resurrección”, es el cambio más común que se ha operado en los temas bíblicos.

De esto hoy en día poco se sabe, ya que, recordemos que los libros del Nuevo Testamento fueron escogidos de forma arbitraria, revisados y filtrados en los primeros concilios, en los que se hicieron, además, grandes modificaciones y prohibiciones. En estos se reunieron papas y reyes con el fin de imponer cambios bajo la creencia de que estas acciones eran lo mejor para los creyentes. Consideraban “inadecuado” que la gente pensara en un periodo “muy largo” para la redención, entonces, lo mejor era establecer una nueva regla con la que las personas tenemos una única existencia, en la que podemos santificarnos o sumirnos en el camino de la perdición. A esto se unió el “eterno castigo” o la “gloria eterna” con los actos o hechos de una sola encarnación.

Durante estos últimos 1700 años, las sagradas escrituras las han transformado omitiendo el largo camino de la reencarnación y encontrando la palabra perfecta para camuflar la verdad, era una palabra que aparecía como la máxima virtud de Jesús: el hechode haber resucitado.


¿Qué es resurrección?
Resurrección es restaurar la vida en un cuerpo renovado y glorioso. Es espectacular el parecido con reencarnación, ¿verdad? Y eso fue lo que pensaron los padres equivocados del cristianismo primitivo en aquella época. Jesús sí resucitó, como lo pueden hacer los seres que han alcanzado la cristificación, pero, aprovechando esta verdad absoluta, los dueños de las decisiones acuñaron la palabra resurrección para sustituirla siempre que hacían referencia a la reencarnación.

En el evangelio de San Juan, en el capítulo 9, los apóstoles le preguntan a Jesús: “Señor, fulano es ciego de nacimiento, ¿quién pecó: él o sus padres?”, y el Señor respondió: “Ni por sus pecados (actuales) está sufriendo, ni por los pecados de sus padres; nació ciego para cumplir una misión”. En esta frase maravillosa, Jesús habla como un tibetano o como un maestro del vedanta; karma es acción y, en este sentido, el sufrimiento causado por acciones pasadas se convierte en una misión de interacción con los demás seres para ajustar el desequilibrio causado.

Muchos sabios conocieron estas verdades absolutas y quisieron sacarlas a la luz, como el papa Juan XXIII, el “papa bueno”, pero sus esfuerzos se vieron truncados y sus escritos quemados, confiscados o modificados.
Son muchos los pasajes en libros sagrados, como la Biblia, en los que encontramos recomendaciones sobre el trabajo místico y alquímico. Por ejemplo, de la meditación en todo el Antiguo Testamento, y también en el Nuevo, como en los casos de la transfiguración y la oración en el huerto de los olivos, además de las vigilias de los apóstoles. De la transmutación sexual como en el Levítico del Antiguo Testamento y la samaritana y las bodas de Canaa en el Nuevo Testamento. Del misterio del Cristo en el corazón, como en todos los libros proféticos, últimos del Antiguo Testamento, y en todas las cartas de San Pablo en el Nuevo. De la reencarnación en toda la Biblia, del trabajo con los errores sicológicos, en los Libros De Los Grandes Profetas y en toda la misión de Cristo. Del amor y de la tolerancia en lo relacionado con las diferentes modalidades de llegar a Dios, consignado desde siempre en libros autorizados y no autorizados, pero olvidado por el hombre que, siempre, lleno de soberbia, está convencido de que tiene la verdad revelada y que por mandato del “mismo Dios” debe emprender una guerra absurda contra todos los que digan lo contrario.

En los textos sagrados está la verdad, clara e irrefutable; aunque pretendan cambiarla, siempre brilla, siempre sale a la luz, siempre están cogidos de la mano los grandes maestros y guías de la evolución espiritual: Jesús, Siddhartha, Babaji, Ramakrishna, Fulcanelli, y tantos otros que nos muestran de idéntica forma el camino de la iluminación.


Propiedad intelectual de Hilda Strauss. Todos los derechos reservados ©