La caridad
La caridad

La caridad es un sentimiento grande y noble, propio de las almas evolucionadas; es la forma de materializar el amor del corazón, es pensar en el bien hacia los demás de manera desinteresada.

Nuestro Señor y salvador habló de la caridad desinteresada, ese sentimiento que nace del corazón y no del ego:

“Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber”

“Lo que das con tu mano izquierda, que a la diestra sea secreto”

“Quien ayuda al necesitado me ayuda a mí”

Este es el tipo de caridad que debemos ejercer todos, una caridad pura, exenta de religión, creencia o cultura. Todos somos hijos de Dios y se equivocan aquellos que piensan que los únicos que serán salvos son quienes hacen tal o cual oración o meditación, o quienes siguen tal religión. Todos tenemos la oportunidad de la conciencia.

Precisamente, esa deformación religiosa ha dividido la caridad en dos tendencias claramente determinadas: están aquellos que son caritativos con el prójimo, pero que al hacerlo sienten satisfacción o superioridad. Esta es una caridad un tanto egoísta, pues, a pesar de que existe un acto bondadoso, este tiene el toque complicado del ego. Por otro lado, existen aquellos caritativos que no buscan nada a cambio, aquellos que dicen “permíteme darte sin que tú lo sepas y sin que mi ego se sienta complacido al ser generoso contigo”, esa es la caridad de Jesús cuando nos decía que una mano da y la otra no se entera.

La caridad va más allá de los objetos. La caridad se presenta en un buen consejo, en una palabra de ‘verdad’ a quien está confundido, aun a costa de la propia popularidad. La caridad está en la generosidad cuando damos ternura o confianza, cuando sabemos apreciar el esfuerzo ajeno, cuando olvidamos honestamente los agravios y los daños que nos propinan, cuando somos amables, cuando alentamos a quien está deprimido.

Existe caridad en nuestro positivismo frente a las situaciones, en la alegría que propagamos y en la enseñanza y respecto que le podemos brindar al prójimo.


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