Los vedas y los mandalas
Los vedas y los mandalas

La explicación de los mandalas y de los vedas es verdaderamente complicada, principalmente, porque se ha perdido la noción de lo que significa mandala.

Imagínense un cubo tridimensional, suspendido en el aire en la cuarta dimensión, que puede ser leído en lengua de tiempo, en lengua del espacio y en una lengua especial producto de la sumatoria de estas magnitudes.

Los sabios de la Antigüedad veían los mandalas en otro estado de conciencia y trataban de explicarlos con dibujos que representaban, de manera muy precaria, sus distintas capas y luego las pasaban a lenguas muy viejas, antecesoras del sánscrito.

El entendimiento de los mandalas en la tercera dimensión se complica cuando comprendemos que el conocimiento ha pasado por innumerables generaciones, iniciando en las muchas migraciones que descendieron del norte a tierras más cálidas. De esta manera, los primeros asentamientos se vieron obligados a recibir y asimilar nuevas migraciones, unas muy pacíficas y otras no tanto.

India, por ejemplo, recibió por lo menos cuatro migraciones del norte, las dos últimas manifiestamente agresivas. Esto vale la pena mencionarlo, porque de este suceso nació en esa nación el problema de las castas. Las dos primeras migraciones del norte de Europa, ocurridas hace milenios, formaron sus primeros pueblos, los llamados drádivos o dravídicos, que alcanzaron prosperidad y que hablaban y escribían en grávida, lengua sagrada desaparecida que se convertiría luego en el tamil y en el teleg, aún hoy hablados. Estas no son lenguas muertas como comúnmente se cree.

Estas mismas migraciones llegaron a lo que hoy es Pakistán y formaron los pueblos conocidos como gitanos. Ellos aún conservan la lengua romaní, que viene del sánscrito y es una lengua sagrada de luz. Los grandes maestros sagrados explicaron también en esta lengua el concepto de los mandalas y su cultura.

Las primeras migraciones también llegaron a lo que hoy es Irán, y se asentaron como los elamitas. Su lengua sagrada es de las más antiguas que se conocen, pertenecientes a las lenguas muertas y entre espiritualistas son consideradas casi lenguas astrales.

Todos estos pueblos se establecieron y desarrollaron sus propias maneras de interpretar el conocimiento, imágenes y sonidos de otras coordenadas. Pero, cuando llegaron nuevas olas de migraciones, se vieron afectadas pues estas ya no eran pacíficas, eran nómadas agresivos.

A India llegaron los arios y se establecieron en el norte, lucharon contra los grávidas y fueron vencedores. Se llamaron los brahmanes y los conquistados se convirtieron en sus esclavos. De esta equivocación histórica kármica nacieron las castas en India y el abominable concepto de los Intocables.

El camino de los chakras, que es el camino de la iluminación y de la conciencia, está escrito en sánscrito y en palí, a partir de mandalas de tiempo. También está escrito en letras pehlevi de los idiomas avésticos y en lenguas drávicas, en romaní gitano y en cingalés. En todos estos libros sagrados, de lenguas sagradas, están descritos los mismos conceptos para llegar al equilibrio, y en todos ellos vemos mandalas y chakras, y nudos de luz. Algunos de estos maravillosos libros son: los textos del Avesta en el viejo zoroastrismo, los vedas, los puranas, el vedanta, los upanishads y los textos drávidas.

En el futuro, deben quedar como caducas las discriminaciones según el varna o color de piel. Sin importar si somos más oscuros o más claros, el conocimiento de la iluminación es el que debe prevalecer, el mensaje sagrado y universal de los cubos de luz de la dimensión del ser.


Propiedad intelectual de Hilda Strauss. Todos los derechos reservados ©