Historias mágicas de Colombia
Historias mágicas de Colombia

Existe en Colombia todo un mundo mágico, fantástico, que ha sido menospreciado por la historia por más de quinientos años. Este es un laberinto de costumbres e historias que se han mezclado o conservado con el pasar de las décadas.

Este mundo del que hablamos es el de los grandes mitos y leyendas indígenas de Colombia. Muchos de ellos los conocemos en la modernidad, otros se han perdido en la historia; varios son originarios de esta tierra, mientras que algunos son fusiones de las costumbres españolas o tienen elementos multiculturales, por lo que la línea divisoria se vuelve borrosa e indescifrable.

Están aquellos que solo quedan en la memoria de los ancianos de las tribus, hombres y mujeres que se están llevando a su tumba todo este exquisito conocimiento, y con él, la sabiduría de la medicina natural, con su clasificación específica de plantas y animales. Los mitos están muriendo, narraciones tan hermosas, que pertenecen a nuestra tierra, que son de la costa, del sur, de la selva, de los llanos y del altiplano.

Afortunadamente para nuestra cultura, muchos de los mitos se han salvado y hoy tenemos la suerte de conocerlos y analizarlos, tarea que no es fácil, ya que hay que comprender de antemano de dónde vienen cada una de estas fascinantes narraciones. La ‘Patasola’, por ejemplo, está mezclada con la historia del ‘Patetarro’ español, de origen celta, y que es muy común en nuestros Andes, principalmente, en Antioquia y Tolima. 

La mayoría de los mitos de los indígenas han desaparecido, apenas si oímos algunos nombres y conceptos en ciudades o construcciones, pero la mayor parte de la población ni siquiera entiende estas referencias. Algunos ejemplos claves son:

  • El nombre de la ciudad de Cali viene de Calima, de los indígenas de Pasto.
  • El edificio Nemqueteba viene de uno de los nombres de Bochica.
  • La ciudad de Chía es un término chibcha que significa “Luna”.
  • Muzo llega de los indígenas muzos.
  • Fontibón viene del cacique Jontión.


Todos los mitos indígenas son bellísimos, pues mezclan diversos conceptos, como la existencia de los elementales, los registros mentales ancestrales y figuras en las que encontramos tanto el mundo astral como el físico. De los mitos más reconocidos que tratan estos temas están: el ‘Mohán’, la ‘Madremonte’, la ‘Patasola’, el ‘Judío errante’, el ‘Tunjo de oro’, la ‘Llorona’, el ‘Cura descabezado’, la ‘Candileja’, el ‘Ánima sola’, la ‘Mano peluda’; y también tradiciones hermosas como la ‘Madre Mar’, de los kogis; ‘Yuruparí’, el gran señor del Vaupés; y la relación de las civilizaciones extraterrestres con Bochica, el maestro de los chibchas.

Cada grupo lingüístico, cada pequeña civilización, está llena de conocimiento, con raíces y explicaciones ocultas; en cada historia está guardada la sabiduría ancestral de la gente que ocupó estas tierras, como los chibchas, los tayronas, los caribes, los quimbayas, los calimas y los cunas, los paeces y guambianos, los quillacingas y pastos, los panches y pijaos, los guahíbos, los tukanos y los huitotos, y también los sibundoyes. Son miles las tribus y los grupos lingüísticos, con variaciones inimaginables de alfabetos y lenguajes. Ellos también nos hablan del espíritu de las plantas, del alma de la selva, de los ángeles de los bosques, de los custodios de los manantiales, de los genios de los ríos, de las hadas de las montañas, de los espantos poderosos creados por la mente, de las fiestas culturales de los niños de la selva, y de la ecología, que consiste en fundirse con el espacio.


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