Nuestro mundo: un reflejo de nuestros defectos
Nuestro mundo: un reflejo de nuestros defectos

El caos general que vivimos en la actualidad no es más que el reflejo del caos interior de un animal con alma: el hombre. En muchos cientos de años, este ser podrá alcanzar el título de humano, pero por ahora tiene demasiados defectos en su interior.

Nuestro mundo es una copia de la codicia del hombre, de sus exageraciones, está subdesarrollado debido a la pereza, está sometido al miedo, los seres quieren lo de los demás, la envidia crece a pasos agigantados; también crece la sensualidad, la satisfacción de los sentidos.

La soberbia, la madre de las guerras, es la principal causa de la violencia en nuestra Tierra, este defecto es agresivo y generador de atraso e injusticia. El orgullo y la vanidad forman el defecto de la soberbia. Por el orgullo es que existen clases, segregación racial, degradación de unos a los otros; por el orgullo no hay conversación, no hay acuerdos, no hay resultados ni nobleza; por el orgullo no hay análisis ni reflexión.

La vanidad, un defecto vil y agresivo, es el punto de partida de la guerra, en la que los líderes, cegados por este defecto, consideran que lo que lo piensan o creen debe atajarse a todos los demás. La vanidad es una deformación mental que lleva al gusto por el “poder sobre el otro”, en el que prima doblegar la voluntad de los demás a la fuerza. En los mundos internos este defecto es un delito con una consecuencia kármica verdaderamente fuerte.

La solución a todo lo anterior la encontramos en el desarrollo interno, en la iluminación. Esto aplica también para los problemas físicos, como también para los económicos, que se solucionan con el orden mental y el positivismo.

El orden mental se refiere a ser organizados y realistas con los números. Es necesario aterrizar y comprender la verdad en calidad y cantidad. Debemos preguntarnos qué tenemos y qué no, qué podemos hacer y qué no. Debemos entender cuándo es un momento de crisis y saber actuar acordes a la situación, saber qué se debe corregir, qué se debe suspender o qué se debe aprender. Debemos sentarnos con papel y lápiz, hacer cuentas y contestarse todo lo anterior.

Positivismo se refiere al poder de la mente humana, al poder de la fe. Todo lo que generamos lo podemos realizar en el mundo material, solo debemos creer en ello, estar convencidos, con compromiso, con realidad y esperanza. Pero con esperanza real, con optimismo y alegría y con fe en la gestión propia y en la de los demás. Solo así podremos hacer el enorme exorcismo que requiere esta gran crisis.


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