El defecto de la timidez y como transformarlo
El defecto de la timidez y como transformarlo

Timidez

La timidez es un tema poco discutido y esto se debe a que, en general, no se considera como un defecto grave que haya que trabajarse. Pero, al igual que todos los defectos, debe transformarse en nuestro camino a la iluminación.

Cuando hablamos de defectos en la evolución espiritual, se nos vienen a la cabeza los siete más conocidos: gula, avaricia, lujuria, pereza, codicia, ira y soberbia. Desafortunadamente, dentro de estos conceptos no se abarcan otros, como los miedos, los traumas, la estupidez, la terquedad o la impaciencia, entre otros, y, además, muy pocas veces se habla de cómo se deben trabajar, de algún mecanismo o guía.

Cada persona debe desarrollar su propio método para transformar los defectos y, aunque sí hay procesos comunes que ayudan en este desarrollo, sigue siendo único e intransferible; nadie lo va a hacer por nosotros, ni un maestro, ni un elemental. Ahora bien, ¿cuáles son estos procesos comunes? Son meditaciones, ejercicios, plantas y aromas que se encuentran a nuestra disposición para ayudarnos y guiarnos en el inicio del camino del despertar.

¿Qué es la timidez?
La timidez es una modalidad de miedo que aparece de diversas maneras, pero que, en general, muestra un temor ante el desequilibro. Este miedo se presenta por temor a ser criticados, juzgados, a equivocarse, a no ser admitidos, a no poder expresarse, a hacer el ridículo, a no saber, a la evaluación o a la descalificación de los demás, al fracaso, etc. Este miedo se presenta en variadas formas e intensidades, afectando a unos más que a otros.

¿Dónde nace la timidez?
Los miedos tienen dos grandes iniciadores: la niñez y el apego. Durante la niñez, los humanos se ven enfrentados a un equivocado sistema de crianza, en el que son comunes los chantajes emocionales, la sensación de culpa, las amenazas y hasta las reprimendas públicas, que llevan a lesionar gravemente la seguridad y la autoestima. Por otro lado, nos vemos afrontados al apego, que es en sí la causa real de todos los males. Sentimos apego por todo, incluida la falsa estabilidad.

En el caso de la timidez, existen dos grandes grupos: el tímido que no aparenta serlo y el típico tímido. El primero tiende a mostrar una falsa valentía, pero siempre acaba dejando que los demás se enfrenten al problema. El segundo es el más conocido, pues su timidez es evidente y afecta su diario vivir. Nos encontramos con personas que, por miedo, no lidian con circunstancias, con problemas o con consecuencias, prefieren evitar por completo estas opciones; son personas con traumas de niñez que no fueron trabajados debidamente y que se esconden en un sistema aislado, con una falsa sensación de protección.

La mayoría de tímidos tiene miedos irreales a un futuro que no existe: “si yo hiciera esto, acabaría pesándome”, y es tan fuerte este sentimiento, que muchos prefieren no obrar y ocultar sus verdaderas capacidades. Cuando estas personas se ven forzadas a salir de su zona de confort, se paralizan y entran en pánico, debido a que esta inseguridad baja y roba energía del cuerpo vital y del aura. Este defecto opaca la inteligencia y enferma el cuerpo. Muchos otros presentan síntomas de aumento de sus funciones orgánicas, como alta sudoración, orina o excreción.

La solución a este problema se basa en la paciencia, la voluntad y la constancia, con las que debemos afrontar estas situaciones, para analizar nuestro comportamiento antes, durante y después del suceso. Concentrándose en cómo solucionar el defecto, no solo en su contemplación o justificación.

Como lo comentamos anteriormente, existen algunos elementos que pueden ayudar en el proceso de modificación de estos defectos, entre ellos, los aromas, que son componentes de impacto mental que propician el estado de alerta y análisis. Uno de estos aromas es el poleo, un tipo especial de menta, penetrante y persistente, que induce a altos estados de concentración. Las gotas de ajenjo también inducen a estados de alta concentración y relajación. Recordemos que estos aromas y vapores no son la solución y solo ayudan si existe un análisis y meditación profundos.

Los defectos son energías negativas poderosas y para transformarlos debemos ser astutos y pacientes, necesitamos comprender nuestro comportamiento y ver qué es lo que nos afecta y nos atormenta en un momento específico. Debemos meditar con gran poder de transformación y finalizar recurriendo a nuestro ser interior. Debemos meditar llenos de positivismo, con la seguridad del poder crístico y de la eternidad de nuestro espíritu.


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