La Antártida y la laguna de Guatavita
La Antártida y la laguna de Guatavita

Tanto la Antártida como la laguna de Guatavita son lugares rodeados de magia y misterio; ambos están llenos de historias increíbles de quienes han caminado, sobrevolado o investigado sus respectivas zonas.

De la Antártida, ubicada al sur del planeta, se creía que estaba hecha solo de hielo, pero se ha descubierto que en su parte central tiene un considerable casco de tierra. Pero lo curioso de esta área no es su composición, sino la cantidad de enigmas que han surgido de investigaciones y análisis.

Por un lado, encontramos el misterio de los grandes agujeros de la Antártida, observados por muchos, que no se explican con huecos en la capa de ozono. Son orificios tan insondables, que se estima que tienen cientos de kilómetros de profundidad.

Por otro lado, existe la incógnita del cambio súbito de vegetación: muchos caminantes han afirmado que, al recorrer la Antártida, llegan a un punto donde no hay más hielo y se observa una vegetación muy extraña, con hojas y frutos gigantescos. Otros aseveran que tuvieron la sensación de caminar en círculos, pues, luego de días de andar, volvían al mismo sitio.

De la Antártida hay otros miles de historias y enigmas sin resolver, como las extrañas luces que aparecen a pesar de la carencia de sol, y el avistamiento de naves nodrizas gigantes, del tamaño de una ciudad.

Cuando hablamos de la Antártida, debemos recordar la antiquísima historia de la tierra hueca, narración que retomó el profeta Julio Verne en su ‘Viaje al centro de la Tierra’. En este punto, nos preguntamos si estos agujeros tienen algo que ver con la teoría de que el planeta es hueco. ¿Será entonces cierto, tal como dicen los tibetanos, que la Tierra tiene un túnel astral idéntico al principal nadi del cuerpo humano? ¿Serán estos túneles el nadi principal de la Tierra? Y, sobre todo, nos preguntamos, ¿qué luz se encuentra en el centro de la Tierra que logre iluminar la noche y producir auroras en el ártico, aun cuando no hay viento solar?

Los enigmas son extensos, pero, curiosamente, la mayoría de ellos coinciden en sus historias y tradiciones con culturas antiguas. Por ejemplo, los chibchas sabían del final de su civilización y decidieron botar al agua de la laguna de Guatavita los elementos más precisados de su cultura, pues conocían del vórtice que allí existe. Algunos afirman que la laguna no tiene fondo, cosa que se ha desmentido con análisis de sonar, pero lo curioso es que nadie ha encontrado ninguna de las piezas de los chibchas, y no lo harán, ya que el vórtice de Guatavita no es permanente.

Como estas coincidencias existen muchas otras. Algunos ejemplos son el mito del Venado de Oro de los chibchas, que es idéntico al Vellocino de Oro de la mitología grecorromana, que a la vez concuerda con historias celtas del norte de Europa, que se refieren a Lemuria e Hiperbórea; narraciones fantásticas que nos muestran mapas de Lemuria (la tierra de los hombres altos), de la Atlántida (tierra del ser o del atman) y hasta mapas detallados del viejo continente de Gondwana, pegado en tiempos antiquísimos a la Antártida y que luego se desplazó hacia el continente asiático.

Todas estas narraciones nos hablan también de otras dimensiones, del astral, del espacio exterior, y de otros miles de lugares maravillosos que existen en nuestro planeta.


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