La Mujer
La Mujer

El universo nos indica que todo cuanto existe se divide en dos mitades exactas: el polo positivo y el negativo, el lado pasivo y el activo de la creación. Cuando estas dos mitades se juntan, forman la luz, sin que alguna sea más grande o importante que la otra; son iguales, pero con diferentes atributos.

Así debe ser el papel del hombre y la mujer en la sociedad, sin extremos ni exageraciones. Existen grupos feministas que llevan esta noción al extremo, ejemplificándola con algunas circunstancias en las que en ciertas especies animales la parte femenina tiene más fuerza, tamaño o poder. Pero, esto es entre ellos; en los humanos, debe existir el equilibrio. Tampoco podemos irnos al límite opuesto, al machismo horrible al que ha sido sometida la humanidad durante tantos años. No. Debemos buscar el balance ideal entre el hombre y la mujer, cada uno como una mitad; con diferencias, pero igual de importantes.

Ha habido mucho debate acerca de quién es más inteligente, creativo, razonable, sensible, etc. Frente a esto, surgen muchas dudas, preguntas y, sobre todo, teorías alocadas que afirman cosas absurdas. Se ha comprobado, por ejemplo, que el ser humano con más coeficiente intelectual es la mujer, o que, frente a problemas, ellas utilizan los dos lóbulos cerebrales, mientras que el hombre solo uno. Esto no demuestra que sean superiores, simplemente, somos dos polaridades de la naturaleza.

La mujer es la primera maestra espiritual de la humanidad, la que guía a los hijos y a la pareja, la que carga con todo el sacrificio y sufrimiento que significa ser una maestra, porque es testigo diario de lo que significa adoptar un discípulo: la dificultad de enseñar. La mujer es la figura del sacrificio y del amor, es la ingeniera constructora de la familia y la sociedad; ella es norma y estabilidad, equilibrio y centro de la casa. Esta labor puede ser muy complicada, sobre todo, si no se tiene el apoyo de una pareja, pero es en estas situaciones cuando más se debe cuidar la dirección y el orden del hogar.

En el siglo XIX, el escritor Victor Marie Hugo escribió la poesía ‘El hombre y la mujer’, en la que la describe como un altar, como la imagen sagrada de Shakti o Devi, la energía creadora. También como el corazón que fabrica el amor, pues es capaz de sobrepasar todos los martirios, por su responsabilidad y sacrificio de amor. Habla de su importancia en la vida, la sociedad y el desarrollo espiritual, describiéndola como un ángel que no puede ser explicado con palabras.

Las palabras de Victor Hugo son muy bellas y ciertas: la mujer representa la pureza y el recipiente donde se guarda, crece y se crea la vida. En esta parte, Hugo nos habla de lo que es concebido en primer lugar en los mundos internos y luego se materializa, es la conciencia despierta en esos mundos internos. Es evidente que el escritor pertenecía a la escuela francesa de iniciados; era oculista.

La mujer es un sagrario, objeto de reverencia e imagen sublime de la semilla sagrada; representa el cáliz y el hijo, la madre da vida al niño Cristo. Es por esto que todos los misterios crísticos siempre van de la mano del misterio de la Virgen. En las civilizaciones extraterrestres, quien está encargada de la comunicación y la enseñanza es la mujer, por esto, no es raro que muchas de las apariciones (o casi todas) de la Madre Divina tienen que ver con nuestros antepasados extraterrestres que han regresado.


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