Chamanismo
Chamanismo

El término “chamán” ha tomado auge en los últimos años y, a pesar de ser altamente utilizado, en realidad no entendemos por completo la profundidad de este concepto espiritual.

Cuando oímos esta palabra, instantáneamente pensamos en la selva, en el ancestral Amazonas, pero no olvidemos que existen otras selvas alrededor del mundo: en África, India, China e Indonesia, en el oriente de Australia y en los márgenes del Atlántico y del Pacífico de nuestro país.

Teniendo en cuenta esto, los chamanes no son solamente de la selva amazónica, de hecho, el término viene de la Rusia siberiana y, mucho antes, su origen fue polar y atlante. “Xa-man” significa “El hombre que sabe”, y se refiere a aquel personaje espiritual que tiene el conocimiento de cómo curar enfermedades y que se comunica con lo invisible, prediciendo sucesos y viendo a la distancia. Es, en sí, una persona de saber sobrenatural, un clarividente, un “despierto” o un “iluminado”. Muchos aún se preguntan el verdadero origen, si es ruso, turco, hindú o vikingo, pero lo que deberían saber es que todas estas lenguas tienen raíz indoeuropea, que se remonta al hielo-norte de las remotas épocas de la Atlántida.

Anteriormente, el chamán elegía serlo y la comunidad concordaba con esta decisión, era una especie de selección colectiva en la que la conciencia comunal encontraba el liderazgo espiritual en un individuo. En nuestra selva amazónica habita la comunidad muinane, que escoge a sus chamanes y los incorpora en una “universidad de la vida”, conocida como ‘ráfue’. Todos los integrantes de la comunidad estudian este conocimiento, pero el ser consciente elegido lo hace mucho más a fondo y con intensidad. De este aprendizaje se encargan los más viejos de la comunidad; es un proceso lento, pero maravilloso.

Para nuestro infortunio, este conocimiento ancestral se ha venido olvidando con el pasar de los siglos, y no solo en la cultura muinane, también dentro de muchas otras comunidades, como los chamanes de México o los del Lago Salado al norte de California, en Estados Unidos. Durante las guerras y el pasar del tiempo se perdieron escritos y sabidurías supremamente valiosas, también han ido desapareciendo los chamanes de Japón, los shintos, y los de Australia. Los de Indonesia ya se han perdido, debido a que se descuidó a los viejos sabios que entrenaban y heredaban el poder, la experiencia y el sedimento mental.

Como lo habíamos comentado, muchos de los chamanes son elegidos por la intuición de grupo de su comunidad, y crecen con esa responsabilidad y vocación. Su entrenamiento intensivo está basado en la meditación de su energía y de la energía natural y de las plantas. Es por esta razón que muchos chamanes utilizan ciertas plantas (que ahora conocemos como alucinógenas por el mal manejo que se les ha dado) para acceder a dimensiones superiores y aprender de los propios instructores, salvando así la memoria y a su comunidad. Los chamanes son, en este sentido, puentes entre el mundo material y el plano espiritual de la naturaleza.

Un chamán sabe que lo que el ojo común ve y percibe no es una observación completa de la realidad, porque está compuesta de una gran cantidad de componentes. Él entiende que las fuerzas invisibles influencian el destino de lo que ocurre en el mundo físico y, a voluntad propia, puede comunicarse, en cualquier momento, con estas energías, entendiendo los balances, las malas energías y restableciendo el equilibrio ideal de las cosas. Por eso son sanadores.

Los chamanes son clarividentes y tienen el poder del desdoblamiento, saben de la realidad espiritual y de la red de sabiduría natural a la que pueden acceder por cualquier vehículo de comunicación. Están rodeados de mantras, cantos y bailes, que puede que para nosotros no tengan sentido, pero para una persona que ha tenido un entrenamiento que parte de la naturaleza son sonidos y movimientos que pueden conducir a un poder específico. Es por esto que, si un chamán agita un ramillete de flores o plumas, se desencadenan luces o energías que no percibimos, y el uso de plantas alucinógenas tiene una directa relación con esta labor, pues su utilización es diferente a lo que nosotros conocemos. Los chamanes no son drogadictos ni tampoco tienen problemas con sustancias sicoactivas, no; ellos están impregnados de naturaleza y tienen una enseñanza y vocación que descubren desde muy pequeños.

Existen muchos farsantes de la nueva era que apenas hace algunos años se han introducido al conocimiento, pero que no tienen la verdadera conexión de un chamán real. Uno verdadero está en la búsqueda constante del despertar de la sensibilidad para desplegar su energía y en la recuperación de la memoria ancestral. Para este proceso se apoyan en los mantras, en la meditación, en los sonidos repetitivos creados a partir de tambores o sonajeros de objetos naturales (todos muy parecidos entre las culturas indígenas al rededor del mundo).

De este chamanismo es que han resultado los tambores y los gongs, los sonajeros de cuentas de árboles, los cuencos y los golpes de bastón de los maestros australianos (de los que quedan muy pocos en los lagos de Queensland) que ayudan a los chamanes a conectarse con el mundo espiritual.

El tema del chamanismo es extenso y lleno de evidencias en todas las épocas y lugares del planeta. Aún falta mucho por comentar.


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