Lago Titicaca: un lugar rodeado de misterio
Lago Titicaca: un lugar rodeado de misterio

Entre Perú y Bolivia existe un lago que se encuentra a 3.800 metros de altura; un lago maravilloso que está rodeado de toda clase de leyendas y misterios. Se conoce como Titicaca, que en su lengua indígena significa “Puma dorado”. Su nombre nació en honor a una leyenda tradicional, narración que es absolutamente idéntica al episodio bíblico del diluvio universal, como un pequeño remanente de aquel suceso.

Entre los grandes misterios del lago Titicaca se encuentra el tema de su profundidad real: se dice que no son los 280 metros oficiales, sino que es tan hondo como ninguno otro en el planeta. En las crónicas de los lugareños, se comenta que es tan profundo, que solo se puede sumergir en sueños a gran velocidad y que al final existe una cuidad sagrada.


En las islas del lago existen dos maestros iluminados que rara vez de dejan ver y que pertenecen a la comunidad de los uros desde hace muchos años. Estos iluminados conocen grandes secretos del astral, entre ellos, la puerta dimensional que existe a diez metros de la orilla norte de la isla de Amantaní, que se encuentra dentro del lago. Los uros saben que se trata de un vórtice que puede “llevar afuera” y “conectar con el corazón”. Esto es difícil de comprender, pero podemos decir que “llevar afuera” se refiere a que ese vórtice puede conducir el cuerpo a un sitio del espacio cercano a la Tierra y puede llevar al astral a una puerta espacial lejana del planeta. Este conocimiento lo entienden en su totalidad únicamente los dos maestros lugareños.


Además de las islas flotantes, en las leyendas del lago se habla también de viajes extraterrestres desde las cumbres de los Andes y de la comunicación de Perú y Bolivia con China y el sagrado Tíbet. Se habla, así mismo, de las ciudades sumergidas a las que solo se puede acceder a través de caballitos de totora, que son embarcaciones tejidas a partir de estos juncos. Pero la entrada a estas ciudades sumergidas está custodiada por un ser viejísimo, que vive al filo del tiempo y que tiene el poder de viajar de norte a sur sin dificultad. Lo curioso de la descripción de este ser, es que es idéntica a las narraciones de Nessi, el monstruo del lago Ness en Escocia.


Los incas eran conocedores de la medida áurea y de la geometría sagrada. En Amantaní existen ruinas misteriosas que muestran una civilización muy avanzada de hace miles de años. En ellas encontramos ilustraciones del “vórtice de la orilla” que explican que este solo puede ser utilizado por naves ovaladas y por el incatiana humano, que se refiere al cuerpo astral.


Solo los iluminados pueden hacer uso de esta puerta con su cuerpo físico. Los viejos uros hablaron, además, del trabajo con los apus de los ríos, de los árboles y las montañas, tradición que fue heredada de los incas. “Apu” es la palabra inca para las fuerzas elementales y, según los viejos incas, los apus son la corte de la Divina Madre, de Pachamama.


Las leyendas del lago no están en alegorías, son directas y hablan del camino de Pachamama y Pachatata, el papá y la mamá en la naturaleza y en el cuerpo, idéntico al tantra y al camino de Kriya Shakti en India. Esto es bellísimo, señala coincidencias incas con otras culturas, como la Cruz Cristiana o la Cruz Celta con la de Tawa Chanaka o Tiawanaku; es el resumen de las fuerzas, inscrita en Bolivia y Perú desde hace miles y miles de años.


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