El secreto de los tres Reyes Magos
El secreto de los tres Reyes Magos

Muchas veces, en el programa de radio hemos hablado de los tres Reyes Magos y de lo que realmente fueron. Hemos hablado de cómo ellos eran mensajeros de las tradiciones de las más antiguas civilizaciones, de culturas tan desarrolladas como la védica, la mesopotámica, el remanente de la cultura egipcia y la antiquísima hermandad mazdeísta de Zoroastro. Además, hemos hablado de que realmente no fueron solo tres reyes magos, sino muchos más, que provenían de distintos puntos de Oriente, África y Asia menor.

Una de las preguntas más comunes es si los Reyes visitaron a Jesus únicamente en su nacimiento y si desaparecieron el resto de su vida. Esto no fue así. Recordemos que tanto la Virgen María como san José provenían del linaje real del rey Salomón y eran seres tan evolucionados como no nos podemos imaginar. La Virgen tenía una educación exquisita, tal como lo predisponían las familias hebreas en su momento, y San José, por su lado, era sacerdote y patriarca, conocedor de la cultura mosaica. Tanto él como María crecieron en medio de la sabiduría oculta de la Cábala y todos los magos que fueron a su visita conocían su linaje, su nivel espiritual y la procedencia de Nuestro Señor Jesucristo.

Conociendo lo anterior, algunos se preguntan cómo es posible, si ambos eran descendientes de reyes, que al momento del nacimiento de Jesús estuvieran en tal pobreza. Cabe aclarar que tanto el establo como cada figura dentro del pesebre son realmente una alegoría y, más allá de esto, ¿qué puede importar algo tan insignificante como la riqueza material para seres tan evolucionados como Nuestra Señora, san José  y Nuestro Señor?

Los Magos iniciaban en esa visita la entrega del registro espiritual destinado al Señor, ellos serían los encargados de presentar al Adorable Salvador del mundo las diversas corrientes evolutivas o los distintos caminos para llegar a la realización, incluido el camino oculto de la suma de las viejas enseñanzas estudiadas durante los últimos tres mil años por alquimistas de todas las latitudes. Una de ellas es la suma de Nuristán, el pueblo secreto de Afganistán que permaneció en las cavernas de las inmediaciones de Kabul hasta el principio de la revolución rusa. Ellos se contactaron en su momento con la Sagrada Familia para llevar las tablas de los puntos en común y los libros de las equivalencias, también las palmas del destino de Jesús provenientes de Bangladesh.

Del pueblo de Zoroastro se le entregó a Jesús toda la sabiduría de la alquimia de Ahura Mazda y el conocimiento puro del tantra sagrado. De Babilonia lo iniciaron en el camino de las tablas y medidas astrológicas, dejadas por civilizaciones extraterrestres miles de años antes. De los dogones, Jesús recibió el conocimiento de los secretos de Sirio y de los egipcios la sabiduría del desdoblamiento y la muerte. De Grecia y Siria le llegó el conocimiento de las claves atlantes secretas de la mente.

De los mismos hebreos recibió la enseñanza de la magia blanca, hecho que podemos leer en el apócrifo de la infancia. En este podemos encontrar también la tradición de adoración a los Reyes Magos y la historia de Melkor, de donde viene Melchor, derivado del nombre armenio Melkisedek, el famoso rey-sacerdote de Shalem. Este rey, en época de Abraham, creó una hermandad secreta que se dedicó a estudiar los secretos profundos de la Cábala y su coincidencia con los chakras y mantras védicos. Es de esta escuela que proviene Melkión o Melchor.

Durante su vida, Jesús viajó a distintos sitios de Oriente, África, Asia menor y el sur de Europa, con el fin de registrar el akásico evolutivo de la Tierra. Él sólo debía registrarlo, no aprender, y a partir de esa experiencia, de sus viajes en las tierras de los Reyes Magos, de las ciencias del alma y de la iluminación, debía desarrollar su misión en este planeta.


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