Las neuronas y el líquido de luz
Las neuronas y el líquido de luz

Desde hace milenios, en los libros más antiguos de India y China se vislumbran la importancia del cerebro y la médula y conceptos tan modernos de neurología que son simplemente sorprendentes.

En lenguaje simbólico, estos escritos hablan de la materia gris y de la blanca, de las dendritas, del oxígeno en las neuronas, del líquido cefalorraquídeo y de la indiscutible conexión entre las neuronas. En los textos se dividía el cerebro en secciones y una parte muy analizada fue la zona frontal y cómo era responsable del balance en la manifestación de la personalidad. Curiosamente, estudios modernos confirman que las distintas configuraciones en esta zona afectan de manera directa las conductas o desajustes cerebrales.

En textos anteriores al Tao y a los Grávidas de India se habla con claridad de la energía que gasta el cerebro al pensar y también de «la unidad de luz que vive aparte como una unidad o un punto de luz que flota en un cosmos microscópico que está dentro de nosotros, junto a millones y millones de puntos de luz, esas unidades se comunican con magia, con impulsos intuitivos entre uno y otro punto de luz y generan una danza que se llama vida, gracias a esto las almas toman cuerpo» (sic). Este concepto de las escrituras ancestrales es fabuloso, porque coincide increíblemente con la realidad. Hoy sabemos que las neuronas son estas unidades, millones de ellas, que nunca se tocan, pero que se comunican a través de neurotransmisores.

El primero en descubrir este funcionamiento fue Santiago Ramón y Cajal, a principios del siglo XX, quien evidenció que las neuronas son entidades separadas, pero que, al mediar entre ellas, los líquidos neurotransmisores, como la dopamina, comienzan a comunicarse como por arte de magia. Es la magia de la vida y el poder del corazón, conocido en la ciencia como “Sinapsis”.

En el Tao se habla de la sustancia de neurotransmisores como el “líquido de luz” o “luz convertida en líquido”, y se menciona: «Nosotros nacemos con un poco de memoria y podemos tener acceso a la memoria cósmica si despertamos, de cualquier forma, la memoria mientras el alma está en un cuerpo, tiene mucha relación con la luz líquida» (sic). Hoy, muchos científicos hablan de este mismo conocimiento, pero con palabras modernas. Entre los más destacados se encuentran el premio nobel Dr. Paul Greengard y el Dr. Eric Kándel.

Pero, los textos del Tao no se quedan solo en la memoria o comunicación entre neuronas, también hablan del olfato y de cuál es su desarrollo: «Antes del vestíbulo principal hay dos entradas y esas entradas traen los aromas del jardín, y al entrar al palacio hay un recibo, un salón que se encarga de perpetuar la vida, y luego una antesala en la que se administra toda la vida, se relaciona con todas las dependencias del palacio y luego se entra hacia la Gran Sala, allí, en el techo, se abre la puerta del cielo, en este punto es posible volar para elevarse sobre la materia, esas dos entradas son las fosas nasales, el recibo es el pabellón nasal, la antesala es el hipotálamo, en donde está la hipófisis, que administra todo el cuerpo, y luego se entra al tálamo, la mitad del cerebro, en el techo del tálamo está el Sahasrara Chakra que es el chakra del desdoblamiento» (sic).

Los textos del Tao son muy simbólicos, siempre hablan de castillos y palacios, pero se refieren a todas las estructuras y procesos internos; hablan también del equilibrio de la mente en la correcta entrada del aire, que siempre debe pasar a través del espejo (que se refiere a la membrana que separa el pabellón nasal del hipotálamo). Estudiosos modernos han logrado vincular el pabellón nasal con algunas enfermedades y desequilibrios cerebrales. Es sorprendente cómo la mayoría de las teorías o conclusiones actuales parecieran sacadas del Tao; las palabras son casi las mismas.

En definitiva, tenemos un futuro espectacular en los descubrimientos del misterio del cerebro, por ejemplo, están siendo estudiadas unas proteínas que fijan la memoria, es decir, que hacen que la memoria “regrese, se refresque y se actualice”, entre muchos otros elementos.


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