Iniciación a la disciplina de la meditación
Iniciación a la disciplina de la meditación

Cada persona, a lo largo de su vida, desarrolla su propia forma de avanzar en el camino espiritual, que incluye la mente, la energía, el poder y la disciplina. Pero, es únicamente a través de la meditación como realmente se encuentra el recurso para alcanzar el desarrollo interno, para llegar a la iluminación y reconquistar la conciencia.

La meditación es la puerta que nos conduce desde la oscuridad a la luz, la entrada a crear una conexión con Dios y, finalmente, encaminarnos a la verdadera felicidad. La meditación es la esperanza que está lista para cuando nos llegue el momento de optar por ella.

Cuando se medita, se llega a un punto de profunda concentración, un momento en el que desaparece la influencia de la mente; nuestra pantalla mental queda libre de opiniones erróneas e imágenes materiales y queda lista para recibir la influencia de paz y sabiduría que imparte el Ser espiritual, latente en el punto del corazón del alma humana.

Al iniciar la meditación, la mente se encuentra en un estado agitado, en el que se llaman imágenes actuales y pasadas, se comienzan a hacer proyectos futuros, y nos atormenta con remordimientos de acciones erróneas o registros desfigurados de recuerdos subconscientes. Es en este momento cuando es necesario observarla, aquietarla y llegar a la fase conocida como “mente en blanco”. Una vez se logra este estado, se puede proceder a generar energía y distribuirla al interior o al exterior.

No debemos temerle a la mente, pues es una herramienta maravillosa puesta a nuestro servicio con el fin de obtener la iluminación.

Meditar es fijar o concentrar la atención en el espíritu, que es lo único real; es despertar la conciencia y encaminar nuestras fuerzas terrenas y espirituales hacia un solo objetivo: la evolución; es arrojar de nuestra mente las imágenes y pensamientos erróneos e instituir la imagen del Cristo interno, en la mente y el cuerpo; es colmar la mente y la sensibilidad de pensamientos constructivos, positivos y creativos, es olvidar que existe la ilusión, representada en la materia, que podemos ver y percibir el mundo del espíritu. Meditar es desterrar de la memoria el pasado y el presente mental. Este proceso exige disciplina y cambio, pero es definitivo y sublime.

Meditar es el secreto de la realización espiritual, es comprender que todas las respuestas y la solución a todos los problemas está en el interior, en aquel lugar donde reside nuestro Cristo interior. De esta disciplina es que han nacido las artes y las ciencias. Santos, científicos, artistas y sabios han descubierto las leyes del universo sumergiéndose en profunda meditación y concentrando su atención sobre un aspecto específico.


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