Amar a los niños
Amar a los niños

Jesús no fue solamente una figura religiosa en un momento histórico de nuestra humanidad, fue mucho más. Su gran misión es la encarnación del mismo Ser, por esto es que las Sagradas Escrituras sostienen que Jesús es el mismo Dios encarnado, ya que ejemplificó y encarnó en su propia vida todo el camino de la cristificación. En ese sentido, toda palabra, toda sentencia y todo mandato de Jesús es a la vez una frase del Ser, es un mandato divino.

Jesús decía: “Y cualquiera que haga daño a alguno de estos pequeños, mejor fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiese en lo profundo del mar”.

Esta es la frase perfecta del Adorable para lo que está sucediendo en el mundo moderno con el abuso y el maltrato a los niños. Es una sentencia del Ser acerca de un tema que es tan grave, y tan oprobioso el comportamiento de cualquier abusador, que tiene tal consideración de los labios del propio Jesús.

Dentro del concepto de abuso no está solamente la violencia física, sino que incluye la falta de cuidado en la educación, el descuido y el abandono, secundar sus errores, la indiferencia en la formación de sus respectivas almas y, también, hacerlos sentir inferiores y recortarles su actual y futura grandeza como hombres y mujeres de las siguiernes generaciones.

A los niños hay que criarlos con amor y paciencia, llenarlos de alegría y secundarles sus sueños y triunfos.