Nuevo orden mundial
Nuevo orden mundial

Es un hecho irrefutable que en nuestro planeta existen grandes organizaciones secretas, comunidades con los cerebros más asombrosos y con un interés exclusivamente económico.

Son estas organizaciones, archimillonarias y contundentemente influyentes, las que determinan el futuro de nuestra Tierra. Ellos definen guerras, quiebras, empobrecimiento, enriquecimiento, movimientos de la bolsa, compra y venta de armas (incluidas las biológicas), el precio del oro y del petróleo, y deciden qué nuevas tecnologías se implementarán.

Estos cerebros, entre los que están grandes personajes del planeta, que nosotros ni nos imaginamos, son los que ya han determinado la simplificación del orden terrestre y han determinado ciertas metas para el futuro. Por ejemplo, está determinado que los países serán reunidos únicamente en regiones, como Europa, y manejarán una sola moneda y economía. En el caso de América, en un futuro no muy lejano será el dólar la moneda de todos.

Llegará uno de los grandes cerebros de la economía, similar al señor Alan Greenspan, a dirigir el destino monetario del mundo, y no será una elección democrática, será designado por los emporios multimillonarios de la Tierra.

La pregunta en este momento no será si es real o no lo anterior, sino cuándo sucederá. América Latina aún está muy atrás económicamente comparada con los países ricos. Esto se ve en su base comercial, en su respaldo, en sus garantías, en su poderío militar, en educación y tecnología, pero, sobre todo, porque en la mesa de los grandes cerebros no jugamos un rol trascendental.

Por esta razón, somos administrados en todos los movimientos, pero en momentos de grandes cambios también nos vemos beneficiados por nuestro puesto de pobreza. Un ejemplo muy simple es la dependencia del petróleo: para Estados Unidos sería materialmente imposible vivir sin él, mientras que para nosotros solo sería difícil. Nuestra economía va creciendo y va orbitando alrededor de la gran potencia del norte y, aunque exista oposición a los tratados de libre comercio, es una fórmula ya decidida por los de arriba, y es lo que acabará imponiéndose, porque, en últimas, es lo que les conviene a las naciones poderosas.

Hablar de todo esto no es fácil, casi que está prohibido, pero es una realidad. Basta con decir que el dólar seguirá oscilando en nuestros países, que subirá y bajará con sorpresas. La banca en el norte será estrictamente regulada y las guerras venideras, por muy triste que sea, equilibrarán la economía.

Nuestro país se mantendrá a flote, pues estamos en un intermedio neutral, teniendo relativa calma en lo que concierne el tema económico.


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