Los símbolos de la Era Dorada
Los símbolos de la Era Dorada

Con el tema de la Nueva Era se han desfigurado muchas de las simbologías tradicionales, todo bajo la falsa y superficial explicación de la Era de Acuario. Pero, más allá de las falsas estipulaciones, sí es un hecho que nuestra civilización ha tenido una evolución general, un cambio que se gestó en el siglo XX con las máquinas, el carro y los aviones, con la posibilidad del confort y con los grandes avances científicos de la célula, el átomo y los circuitos integrados. Este cambio se ha reforzado aún más con el invento de la Internet, que la logrado conectar al mundo entero.

Este gran cambio que hemos venido presenciando en las últimas décadas, había sido anunciado desde hace miles de años en profecías y escritos sagrados. La gran Era Dorada es mencionada en los escritos del tao, en los vedas, en la historia de los tuatha de los celtas, en las crónicas de Rágnarök de los vikingos; lo habían comentado también los mayas y los incas, y aun hoy lo siguen anunciando los apaches y los siux de Norteamérica.

Todos han anunciado la Era Dorada de la civilización de la gente bronceada o morenita. Esa civilización somos nosotros, una mezcla racial increíble, resultante de la gran variedad de grupos humanos.

El concepto de la Era de Acuario se comenzó a desfigurar en el siglo XIX con la llegada de algunos maestros de China e India a Occidente. Desde entonces, la verdad espiritual y su trascendencia han sido historia para muy pocos. Cuando se comenzó a comentar el tema en Europa y América, aquellos iniciadores cometieron un grave error: estimaron que la Era de Piscis iniciaba con el nacimiento de Jesús, pero realmente inició casi 170 años antes. Esto se puede constatar con claridad si se analizan los viejos calendarios de Dénderah en Egipto o las ruedas dentadas mayas.

La historia sagrada de las eras, que aparece en el Éxodo, es completamente cierta. Se narra allí que, para el paso de la Era de Tauro a la de Aries, “ya no adorarás al becerro, el toro egipcio Api de la era de Tauro, ahora tomarás un cordero inmolado para la consagración”. Casi dos siglos antes del nacimiento de Jesús, comenzó la Era de Piscis, en la que el pez de Íctis ha sido identificado con las eucaristías de los cristianos primitivos, los pescadores y los peces en las cenas.

Por esta misma época, entre los romanos y los griegos se habló de la futura Época de Ganimedes, la época del custodio de los fluidos de luz. En ambas mitologías, Ganimedes era el símbolo del ser que guarda la memoria de aquellos que bajaron del Olimpo o de la nube. La historia narra cómo Zeus raptó a Ganimedes para servir el néctar con el que se alimentaban los dioses, y es por ello que es elevado al cielo al estatus de Constelación de Acuario. Ganimedes es representado como un ángel con un cántaro, tal como el arcano 14 de la templanza en los 22 conceptos hebreos, o como el juez azul de los egipcios que pasa energía de un recipiente a otro. Todos estos son símbolos de la Edad Dorada.

Por otro lado, las profecías celtas narran que, en tierra de los druidas, aparecerá el hombre que se comunica solo con luz. En Escocia se ha concentrado gran parte del nacimiento de la Era Dorada, desafortunadamente, mucho ha pasado al olvido, pero la realidad es que Escocia es un lugar de referencia para la era de las revoluciones.

La Era de Luz se ve reflejada en muchos movimientos, rebeldías y cambios de la nueva generación, como lo fue el gran movimiento californiano, con la que se comenzó a gestar la llegada de los grandes yoguis y a difundir la meditación. Recordemos también la llegada a Chicago de Swami Vivekananda, el discípulo más adelantado del maestro Ramakrishna.

La Era Dorada es un hecho y plantea cosas bellísimas, como la recuperación de la memoria, el respeto a la naturaleza, la gestación del concepto del “humano integral”, en el que no es solo cuerpo, sino espíritu y mente. En esta nueva era se comienzan a entender conceptos del pasado que ahora reciben otros nombres, como el “holismo” que dice que somos una unidad con la Tierra y el cosmos.

Todas estas espectaculares ideas han llegado a ser malinterpretadas, llenándose de duendecillos y angelitos de porcelana, teorías infantiles; pero que tienen un inicio en las fuentes primarias del conocimiento.


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