Fanatismo
Fanatismo

Hablar de fanatismo es muy delicado y complejo, porque, al tratar de analizarlo desde un punto de vista espiritual, se debe ahondar en otros aspectos, como los maestros espirituales, los profetas y los miedos de cada individuo.

No se trata de demeritar ni de hablar mal de las diversas religiones, no; la idea es evaluar el verdadero trasfondo de cada una. Si comparamos alguna religión actual con la de los antiguos vedas, podemos afirmar que la primera es apenas una secta. Jesús, Mahoma, Budda y Zoroastro, entre otros, estudiaron a los vedas, cuya religión es tan antigua, que ni el sinnúmero de invasiones, colonizaciones o dominaciones la han podido erradicar. Se puede decir, sin temor a equivocación, que la religión védica de India es la madre de todas las religiones y cultos modernos.


Qué es el fanatismo

Hoy es muy común tachar de fanáticas a aquellas personas que hacen votos de silencio o de pobreza, a aquellas mujeres que rezan el rosario, a quienes van a grupos de oración y a todos aquellos para los que siempre existe un elemento espiritual en todos los actos de su vida. Pero ¿es realmente “malo” o fanático aquel que decide tener una vivencia espiritual o desarrollarse internamente valiéndose de algún medio? Definitivamente, no. Cualquier práctica espiritual o adelanto en el camino hacia la iluminación es valiosísima. De hecho, está más cerca a la iluminación una anciana que reza durante horas que una persona que en su vida ha dado cabida a la espiritualidad.

Teniendo en cuenta lo anterior, fanático es aquel que defiende apasionadamente y con vehemencia una creencia o doctrina, y que, con su actitud equivocada, coarta o lesiona la libertad, vida u honra de sus semejantes.

Querer someter a alguien a creencias propias es una de las formas más violentas del fanatismo. Todas las religiones son hermosas, con orígenes místicos; todas ellas nacen por la voluntad del Señor que vive en las catedrales del alma. Caso distinto es el de las sectas locas supermodernas que incitan a sus adeptos a actos violentos contra otros o contra sí mismos.

El origen del fanatismo está en el apego, porque las personas no solo se apegan al cuerpo físico y a la tercera dimensión, sino a creencias o doctrinas religiosas y sociales. Existe gente pudiente que disminuye y ridiculiza a los demás, solo por su procedencia social o nivel adquisitivo, pero también existen otros (los adeptos apasionados) que miran por encima del hombro a aquel que piensa o cree en algo diferente a su propia doctrina. ¡Qué egoísta es esta actitud, qué falta de amor y qué poco espiritual es su miedo!

Estos adeptos apasionados, que con manipulación suave llevan a que otros comentan actos violentos contra personas inocentes, son personas que, simplemente, desconocen por completo las características que debe poseer un maestro espiritual.

Cómo es un maestro espiritual

Un maestro espiritual no obliga a nadie a hacer nada, su vida y sus enseñanzas son un cúmulo de ejemplos y sabiduría que siguen las leyes claras de la naturaleza. Un maestro espiritual nunca será exhibicionista de sus habilidades, porque sabe que cualquier poder es un efecto secundario de aquel que ha tomado el camino de la evolución. Los poderes son consecuentes con el trabajo interno y nunca deben ser considerados como la meta.

Es necesario reconocer a los seres iluminados; solo así estaremos seguros de recibir una guía justa y equilibrada. Un maestro nunca amenaza ni obliga a cometer un acto, y menos si con esto violenta el equilibrio natural.

¿Es necesario tener un maestro espiritual?

Alrededor de esta pregunta ha habido miles de discusiones filosóficas, como también han existido grandes seres que han logrado la iluminación teniendo como guía a su ser interior, que es el verdadero maestro. Pero son apenas unos cuantos. Por lo tanto, tener un maestro espiritual es importante: él es el punto de partida desde el cual emprendemos nuestra carrera de la evolución.

Quizás un encuentro entre discípulo y maestro no sea tan evidente; puede ocurrir en un instante en el que la persona debe adquirir el conocimiento oculto de la verdad, que puede suceder desde un libro, en un comentario o en un hecho curioso. En ese momento es cuando debemos recibir el conocimiento y comenzar inmediatamente el camino.

Es innegable que muchas de las ciencias, tradiciones, religiones y civilizaciones son de origen extraterrestre; es cierto que nos visitan, guían y vigilan, pero su presencia no debe causarnos perturbación ni alarma. Debemos convertirnos en verdaderos catadores de sabiduría y reconocer en el amor de los seres iluminados el objetivo de la gran misión a ellos encomendada: ¡la evolución!


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