Magia y violencia en los cuentos de hadas
Magia y violencia en los cuentos de hadas

Durante nuestra historia, los cuentos de hadas tradicionales han sido duramente criticados por el alto contenido de violencia que revelan, pero es porque la gente los lee de manera literal, a letra muerta y los compara con pensamientos comunes de la humanidad. Esto es completamente errado, ya que los textos espirituales y de corte iniciativo son completamente alegóricos y simbólicos, así que no se deben entender con extrema literalidad.

¿Cómo puede existir una bruja tan perversa que mande a matar a una niña con una manzana envenenada?, ¿cómo puede existir un hada tan poderosa y tan mala que ponga a dormir a un reino entero durante cien años, solo porque no fue invitada a una fiesta?, ¿cómo es que un ogro se come a tanta gente?

Todos estos son elementos utilizados para contar las historias, pero no pueden ser comparados o medidos como si fueran personas de la vida real, porque son los ogros, las hadas, las princesas y las brujas los personajes que representan los defectos sicológicos como los concibe el budismo: son símbolos de la mente, de la energía. Los cuentos de hadas son en realidad narraciones de un significado muy profundo, una alegoría tan especial, que simplemente no puede compararse con la realidad.

El origen de los cuentos de hadas es muy antiguo, está en otras civilizaciones, en un pasado que ya se ha olvidado, y con el paso de los siglos las memorias sagradas se han mezclado con las alegorías y con la existencia de los elementales y de otros seres de dimensiones paralelas, así como con discursos éticos y de educación para los niños. Todo se ha amalgamado y se ha confundido con el pasar del tiempo.

Los cuentos de hadas han sido analizados bajo los estándares de la sicología de los últimos cien años y, bajo estos parámetros, todo lo que ocurre en ellos puede llegar a ser aterrador, en los que se presentan un sinnúmero de problemáticas, como fobias, deformaciones mentales, discriminación de género, fallas de carácter y destrucción del núcleo familiar, pero esto sucede si lo consideramos únicamente desde los parámetros de la sicología moderna.

Fuera de los personajes que aparecen en los cuentos, vemos también muchos otros elementos que tienden a aparecer transversalmente en las historias, como ogros gigantes, seres que vuelan en el espacio, árboles que llegan al cielo, animales que hablan y hasta elementales que cambian la realidad y secuencia del tiempo. Todos estos son elementos de los cuentos que simplemente no pueden ser analizados sicológicamente, pues no pertenecen a la vida diaria.

El trasfondo de los cuentos de hadas es mucho más antiguo que los mismos autores que conocemos. Varias veces hemos hablado, por ejemplo, de cómo “la bella durmiente del bosque” es de origen vikingo y más anterior aún, de origen de las Sagas de Islandia, de la de Tule vieja que guarda los secretos de la memoria perdida. Y es que nuestra humanidad está en un periodo en que ha perdido la capacidad de recordar su camino espiritual, ha olvidado que posee varios cuerpos que viven en distintas dimensiones, ha olvidado la existencia del alma, del poder mental y de la visión extrasensorial. El ser humano común tiene los poderes y facultades dormidas y ha olvidado su tarea de corregir los defectos de la mente, como lo indicó Buda hace más de 2.500 años. En parte, esto es lo que quieren expresar los cuentos de hadas, pero lo cuentan en simbología y alegorías.

Los grandes cuentistas de la humanidad, como los hermanos Grimm, Charles Perrault, Cóllodi, Lewis Carrol, Pámela Lindon Travers (la creadora de Mary Poppins) o Hans Cristian Andersen no fueron drogadictos o seres malvados y retorcidos; personas como Tolkien no fueron borrachos ni personas de estados sicológicos cuestionables, de hecho, fueron seres sabios y conocedores de las más bellas y profundas mitologías, fueron grandes escritores e investigadores de libros y tradiciones sagradas, personas con gran sensibilidad que tuvieron la oportunidad de acceder a conocimientos restringidos a la mayoría.

Los cuentos de hadas van mucho más allá de hechos complicados en el marco de la cotidianidad, realmente son pistas para reencontrarnos con la memoria, para comprender los elementos y seres de otras dimensiones, como hadas, elementales y gnomos. Son pistas para entender la historia perdida de las bodas del alma, para visualizar los defectos humanos mentales como un ser con cara de ogro o de gigante torpe y, sobre todo, para interiorizar alegorías como las de árboles gigantes que nos llevan a dimensiones superiores o a otras realidades que desconocemos.

Los cuentos de hadas son, en definitiva, narraciones bellísimas con una profundidad que no alcanzamos realmente a entender en su totalidad.


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