DIferentes humanidades
DIferentes humanidades

Si observamos los libros sagrados, vemos que en todos se mencionan, de una u otra forma, a los paraísos, a los humanos originales y al tiempo feliz del pasado en los que todos se encontraban en el estado ideal. Se habla también de humanos que vivían varios siglos, de gigantes que habitaban la Tierra y de la mezcla de los hijos de Dios con las hijas de los hombres.

Los mayas y aztecas hablaron de las épocas de los soles, tiempos pasados en los que los humanos vivían felices en medio de los milagros, y aunque hasta hace muy poco se consideraban meros mitos indígenas, con el tiempo se ha venido entendiendo que estas narraciones pueden encajar con una realidad que desconocíamos.

Los libros de historia, las enciclopedias y la historia antigua están llenos de mentiras y falacias que la ciencia ya ha admitido, pero, lastimosamente, aun hoy encontramos personas que siguen repitiendo dogmas desactualizados. Por ejemplo, la teoría de la era de Bronce o la de Piedra quedan en ridículo cuando se comparan con objetos encontrados, como el famoso martillo de Texas, que está datado con un mínimo de 500.000 años. Y este no es el único ejemplo: la ciencia se queda boquiabierta frente a los objetos humanos y huellas perfectas cerca a los fósiles de dinosaurios, cuando “supuestamente” el hombre no existía en aquella época.

Otra muestra maravillosa es la creencia de que los españoles, al descubrir a América, trajeron el conocimiento de la rueda. Lo curioso de esto es que, tanto en Guatemala como en México, se han encontrado variados objetos más antiguos con ruedas, tanto juguetes como modelos a escala de artefactos de transporte. ¿Cómo explicar también los modelos de aeronáutica absolutamente avanzados encontrados en Egipto, o los miniaviones quimbayas de Colombia?

Estas evidentes contradicciones no deben pasar inadvertidas, deben ser el punto de partida para replantearnos la historia de nuestra humanidad.

Recordemos también todos esos mitos aztecas y de la India que hablan de las humanidades primigenias, de seres azules gigantes que ordenan la naturaleza con la mente y que están conectados con todo. Y es que, si observamos con detenimiento, vemos que varias de estas narraciones coinciden entre sí: el Satya Yuga o la edad antigua de oro hindú coincide con la edad del Primer Sol de los aztecas; pareciera que ambas culturas hubieran escrito lo mismo.

Los aztecas hablan también de la humanidad del Segundo Sol (que para los hindúes puede ser el mismo Tetra-Yuga) y comentan cómo la Tierra se cubrió de monos. Lo curioso es que los hindúes hablan también de cómo Vishnú encarnó en un mono llamado Jánuman.

Si retiramos la parte devocional y la reunimos con la historia de los mayas y la del Génesis en la Biblia, cuando se habla de los nefilim y de la unión con la gente de la Tierra, vemos que en los libros sagrados ya estaba consignado el orden de las adaptaciones en el planeta. En todo esto se entiende que la especie humana fue traída y que el “mono” o mico es un cuerpo que resultó de todo este proceso adaptativo. Hablar de esto resulta aún indignante para muchas personas seguidoras de las teorías de Darwin, pero es una verdad que poco a poco está saliendo a la luz, gracias a descubrimientos y observaciones científicas.

Alrededor del planeta no existe un solo grupo humano que no hable acerca del gran diluvio, de los gigantes, de los sabios, de los ángeles o de los grandes maestros que nos enseñaron y civilizaron. Todos hablan de grupos de estrellas recurrentes en la historia, como Orión, una alineación que se menciona en todos los rincones del planeta y que puede dejar en claro la relación cercana que tenemos con esta constelación.

Tenemos miles de años de historia, reflejada en textos, monumentos y objetos, pero sobre ellos tenemos un velo de mentiras de solo 200 años; afortunadamente, este velo se está rasgando lentamente. Ya podemos hablar de posibilidades, basadas en la propia ciencia.


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