Misterios debajo de Jerusalén
Misterios debajo de Jerusalén

Es increíble cómo debajo de las más enigmáticas y magníficas construcciones de nuestra historia existe todo un mundo subterráneo que prácticamente desconocemos.

Este es el caso de las pirámides, de la esfinge egipcia, de las catedrales y grandes templos; y en el futuro se descubrirán aún más en lugares tan maravillosos como Tiahuanaco, Stonehenge, Chichén Itzá y Angkor Vat.

Uno de estos lugares que no ha sido descubierto ni en su décima parte, es el grandioso mundo de pasadizos y cámaras que se encuentra bajo la gran ciudad de Jerusalén. Recordemos que hace más de tres mil años, donde hoy se encuentra esta ciudad israelí, yacía el espléndido templo de Salomón. Esta maravillosa construcción contaba con una extensión y una riqueza inigualables, con pasajes, columnas y jardines supremamente elaborados y bellos. Desafortunadamente, por diversas circunstancias de la historia, el templo sufrió grandes cambios y fue desapareciendo con los años; de él sólo queda el Muro de las Lamentaciones, un muro exterior de uno de los patios del monumental templo.

Afortunadamente, el mundo subterráneo de esta zona no cambió, el intrincado sistema de corredores subterráneos sigue presente hasta la fecha y este será uno de los más grandes descubrimientos que se dará en el futuro.

Al día de hoy existen muchos túneles que han sido descubiertos, pero es una mínima parte. Entre ellos, se encuentran las conocidas “canteras del rey Salomón”, “El salón de las épocas”, “El salón de Damasco”, las catacumbas del rey Sedequías, el túnel de Ezequías, el gran pasadizo del muro occidental y los túneles de las laderas del Muro de los Lamentos. Todos estos túneles están comunicados, todos pertenecen a una red impresionante de pasadizos secretos, entre los que hay salones y salas; construcciones viejísimas. Muchos creen que existen más misterios dentro de estas construcciones y afirman que en ellas se han guardado tesoros de todas las épocas, tratando de salvaguardarlos de guerras y conflictos.

Hoy, Jerusalén no pertenece a un solo grupo, existen varias religiones que tienen regencia sobre sus terrenos, por lo que hacer excavaciones o investigaciones se ha vuelto muy complicado.

Aunque aún no se sepa, y muchos afirmen lo contrario, debajo de la roca que está protegida por la dorada Mezquita de la Cúpula, que es el sitio exacto del Sancta Sanctorum, existe una cámara gigante aún no descubierta. Los viejos judíos la conocían como el “Centro de la cantera de David”, que se encuentra rodeada por pasadizos, también secretos, muchos de los cuales desembocan fuera de la ciudad. Era por estos corredores que se salvaban un sinnúmero de tesoros, pero aún hay muchos otros que permanecen allí guardados.

Otro factor interesante, es la tensión que se vive por estas excavaciones, porque para los judíos, como para musulmanes y personas de otras religiones, los sitios sagrados del templo y de lo que hoy es la explanada de las mezquitas es de gran importancia para el final de los tiempos, para las historias apocalípticas.

Hace muchas décadas, los encargados más fervorosos de descifrar los misterios debajo de Jerusalén, eran los masones. Se sabe que muchos túneles se conocían desde la Antigüedad, en tiempos anteriores a Jesús, pero fueron ellos quienes, con dedicación, descubrieron poco a poco los pasadizos más secretos y las cámaras selladas. Uno de los fundadores de la logia masónica de Jerusalén, el señor Charles Warren, caminó por cientos de túneles debajo de Jerusalén a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, y fue la base para muchas de las excavaciones.

Existen historias que no han sido reveladas y que han ocurrido en los últimos 35 años, como es el descubrimiento de dos pasajes que llevan a la cúpula de la roca; su hallazgo fue importantísimo, pero significó problemas con las otras religiones. Para dar un ejemplo, en el momento en el que los judíos abrieron el túnel del Muro de las Lamentaciones, ese día de la autorización murieron casi cien personas en el conflicto.

Este es un tema muy interesante y seguiremos ahondando en él.


Propiedad intelectual de Hilda Strauss. Todos los derechos reservados ©