La Virgen María, un ser de luz
La Virgen María, un ser de luz

Al igual que Jesús, la vida de la Virgen María está llena de misterios: en su origen, en su nacimiento y hasta en su misión de ser la madre de Cristo.

En los evangelios comunes, María aparece muy dosificada, con ciertas restricciones de quienes acomodaron los libros del cristianismo primitivo y que han obviado narraciones que nos hablan de la dimensión maravillosa de María. Afortunadamente, en las últimas décadas han salido a la luz los evangelios apócrifos, en los que María es una gran protagonista. En estos escritos aparece como un ser excepcional, un ser que no fue de este mundo.

Muchos desconocen que el nacimiento de María fue anunciado y que fue un milagro. Ana, la abuela de Jesús, fue visitada por un ángel, quien le anunció que María llegaría desde el Cielo a su vientre, sin macha, y que ella y su descendencia serían conocidos en todas las naciones.

En un apócrifo bellísimo, llamado ‘Libro sobre la infancia del Salvador’, se narra cómo san José intenta ocultar la grandeza de María, tratando de explicar lo inexplicable. Se nombra también a las parteras que asistieron el nacimiento de Jesús, que, aunque la Virgen no necesitara asistencia, era usual que para un nacimiento apareciera por lo menos una partera. En los comentarios nos cuentan cómo las parteras observaron con asombro cómo la habitación se llenó de luz, cómo María sonreía, sin dolor o molestia alguna, y cómo Jesús apareció de un momento a otro.

La comadrona Zaquel comentó que todo quedó inmóvil, que el tiempo no transcurrió, que todo se paralizó, que una luz enorme estaba en todo el recinto y que, al momento del nacimiento, María se veía como una niña y de repente Jesús “apareció”, pero no nació como la gente común, simplemente, apareció repentinamente, frente a los ojos de la Virgen, de san José y de las otras comadronas. Zaquel comentó también que el recinto se llenó de un perfume penetrante, que todo aquello la asustó mucho, pero sobre todo le sorprendió que, al cargar al bebé, este no pesara nada, que no tuviese residuos de sangre o líquidos y que no llorara como los niños comunes, que simplemente sonriera.

Leer los apócrifos no es fácil, todos tienen un lenguaje complicado, frases y palabras simbólicas. El apócrifo denominado ‘Protoevangelio de Santiago’ habla de Joaquín y Ana, los abuelos de Jesús, narra la tristeza de Ana por su incapacidad de concebir hijos y cómo, después de muchas plegarias, un ángel se le aparece y le anuncia que dará a luz a un ser maravilloso, de quien se hablará en toda la Tierra.

Un hecho curioso es que la Anunciación también le ocurre a Joaquín, pero de manera distinta. A él se le concede ver el gran disco de oro del sacerdote, más allá del altar del templo, como ocurría con los faraones de Egipto. Joaquín ve el disco de oro del gran sacerdote, lo recibe como una gran revelación y, en un instante, entiende desde su intuición superior el advenimiento del alma sagrada de María.

En el anterior apócrifo también se haba de la descendencia directa de Joaquín de una de las doce tribus de Israel, de su linaje y gran riqueza. En el capítulo siete se habla sobre la presentación de María en el templo, de su consagración; ritual muy parecido al que se hace en India, en el que las niñas portan una lámpara de luz y, luego de presentarse, se sientan en la tercera grada o escalón del altar. Esto simboliza los misterios mayores de la mente y de los estados de perfección de una niña de 3 años. Dice el libro que María danzó sobre sus pies, lo que simboliza sumergir el cuerpo en estados superiores de conciencia, sin influencia de la gravedad.

Luego, el libro nos narra cómo María, de 12 años, es dispuesta para desposarse con un sumo sacerdote, por lo que se convoca una asamblea de sacerdotes “viudos”. Lo anterior, por supuesto, es simbólico, pues, “viudos” representa la gran transformación. En este capítulo del apócrifo se habla de la escogencia de José, nombrándolo claramente como hijo de la Tierra y a María como hija del Cielo.

Existe otro evangelio apócrifo que habla, en el capítulo tercero, de la natividad o nacimiento de la Virgen María y de la Anunciación que le hace el ángel a Joaquín. El ángel le dice cómo Ana concebiría a María, un ser de luz sin macha o impureza alguna, y también: “Cuando llegues a la puerta de la luz dorada de Jerusalén, te encontrarás con Ana, y ella sabrá en un instante que tú ya sabes en tu corazón”.

En el capítulo siguiente, el libro narra cómo el ángel aparece ante Ana y le anuncia la llegada de María a su vientre, concebida por la Luz, y le habla también de la puerta dorada de la ciudad. En este evangelio se aclara perfectamente que tanto Joaquín como Ana fueron anunciados del nacimiento de María, estando en parajes distintos, y se especifica también cómo María no nace de la unión de ambos, sino que es un milagro de la Luz.

En el libro apócrifo ‘Tránsito de la Bienaventurada Virgen María’ se narra cuando ella, la madre del Adorable, sale de este mundo para ir al Reino de los cielos. Es un escrito absolutamente hermético, que habla de los partidarios y adversarios de Cristo, de los viajes de María a Belén y, al final, de su desaparición en un rayo de luz venido desde el espacio: “El día del Sol, con dos soles en el Cielo, Gabriel, el ángel gigante, asistió a la Madre del Cielo en su regreso al paraíso y la recibe el mismo Jesús, al otro lado del resplandor en el Cielo”.

En los evangelios apócrifos podemos ver la importancia y el protagonismo de María en el cristianismo primitivo; es bellísimo, y no es en vano.


Propiedad intelectual de Hilda Strauss. Todos los derechos reservados ©