La “gran bestia”
La “gran bestia”

Todos hablan del apocalipsis, de la gran guerra, de la violencia y del fin de los tiempos, pero nadie discute acerca de cuál es la gran causa de todo este terror actual y futuro.

¿Cuál es el origen del horror y la violencia?
Su origen es la “gran bestia”, que en realidad es la “bestia mental”: la mente es la que genera la violencia y el fanatismo, es la que siembra la muerte y el horror en nuestra humanidad; es la que se apega a las ideas, a las propiedades y a los falsos ideales. El conjunto de los miles de millones de mentes conforma la “gran bestia apocalíptica”. Cada vez que decimos “yo quiero”, “a mí”, “yo opino” o “a mí me gusta” no estamos hablando de la esencia de nuestro ser, sino desde nuestro ego. Cuando escuchamos: “yo opino que esto se debe hacer de tal forma” o “ustedes no piensan y no quiero pensar por ustedes”, son las frases de los grandes ideólogos de la “bestia mental”.

Si pensamos en almas grandiosas, como Jesús, y consideramos cuál sería su respuesta frente a la guerra, la violencia y la muerte de tantos inocentes, podemos afirmar con certeza que su postura sería de rechazo absoluto y de reafirmación sobre la no violencia, igual que Gandhi.

Entonces, ¿de qué forma se puede erradicar el problema de la violencia? Simplemente, atacando el origen, y el origen de la violencia es la mente. La clave es tan simple, que la mente no la comprende; es tan sencilla, que la mente la pasa por alto.

La clave está en tres palabras:

  • Conciencia: el despertar, es inaplazable; ver, darse cuenta, mirar más allá, alcanzar la verdad, soñar con ella. El despertar de la conciencia es el pilar mayor de la evolución.
  • Amor: el “ahimsha”, la no violencia, la tolerancia; hablar, llegar a entender; ser por un instante el otro. Recordemos ‘La historia interminable’, del alemán Michael Ende: solo la fusión de las ideas y el amor pueden salvarnos.
  • Ánimo: no decaer, no dejar de tener fe; ser siempre optimistas; creer en el progreso, en la vida, en la solución, en la naturaleza; no dejarnos apabullar por la tristeza ni por la desesperanza.


Lograr esto no es imposible; pero sí se requiere ser firmes, disciplinados y, en algunos casos, duros y rigurosos, y, sobre todo, siempre abogar y practicar la no violencia: el “ahimsha”.


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