Los gigantes del pasado
Los gigantes del pasado

Hablar de gigantes no es cosa difícil. Existen tantas evidencias, que no hay grupo humano del pasado, o alguna construcción remota, que no muestre por lo menos un indicio de su existencia.

En las ruinas, museos y puntos arqueológicos más importantes del mundo existen evidencias genuinas de la existencia de gigantes, pero esta es una realidad que contradice todo lo que sabemos sobre la línea de tiempo de la ciencia, razón que nos ha llevado a ocultar, o simplemente obviar, tantos elementos que nos hablan de esta verdad.

Pero en este punto la ciencia no sabe qué decir, se queda sin palabras frente a las contundentes evidencias. Entonces, debemos intentar observar estas claves de forma objetiva, sin sesgos científicos o religiosos, y entender la verdad.

Cuando la ciencia nos habla de la Edad de Piedra, más o menos coincide con las migraciones del remanente de Atlántida por el norte de África y al norte de Europa. Un ejemplo impresionante de estas evidencias son las construcciones encontradas en las selvas de Perú, Ecuador y Brasil: en la vegetación más espesa se han encontrado enormes paredes de lo que podría ser una ciudad perdida. Allí están las entradas a los túneles del tiempo, conocidas en todo el mundo como la Cueva de los Tayos.

Al entrar a los Tayos, sorprenden las paredes talladas, de tamaños impresionantes, que llevan a unas ruinas subterráneas que nos recuerdan las construcciones de Egipto o Baalbek. A pesar de ser una maravilla, a la Cueva de los Tayos no se le ha dado la importancia que merece, pues todas sus piezas son evidencias incómodas que nos piden rectificar la historia contada.

La secuencia real de la historia es mucho más compleja que el mico o Adán y Eva, tenemos que entender el papel de las especies parecidas al humano en la adaptación de los cuerpos y de las simbologías bíblicas de las civilizaciones adámicas. Es posible preguntarnos si el mono no pudiese ser un resultado residual y secundario de las lentas adaptaciones de los cuerpos para la encarnación de las almas superiores.

En Ecuador se han encontrado también unas paredes enormes, tapadas por la selva, que sugieren formaciones piramidales tan grandes, que solo a gran altura pueden concebirse en la mente. Las piedras son tan extrañas, que parecen ladrillos perfectos, de más de dos toneladas cada uno. Pero, no son solo sorprendentes estas piedras, sino las láminas inscritas y las cerámicas de proporciones gigantescas, hechas para personas de otro tamaño.

Los curas de Ecuador han encontrado huesos, cerámicas, herramientas, entradas y esqueletos de gran tamaño, de varios metros. Ellos mismos han sugerido que existieron gigantes que llegaron del cielo, pero que, por varias circunstancias, o desaparecieron o se fueron acortando en estatura.

Las leyendas de gigantes abundan en el Corredor del Ecuador hasta Perú. Se cree, por ejemplo, que Tiahuanaco está construida sobre suelo de gigantes y la gente lugareña habla con tranquilidad sobre cómo los mitos apuntan verdaderamente al gran diluvio. Lo único que les falta decir es “Atlántida”. Existen varias comunidades indígenas cuyos ancianos afirman que “en el futuro saldrán a la luz las tumbas de los gigantes, resguardados por los espíritus de la selva de Suramérica.”

Quienes leen los libros sagrados suponen que los gigantes, y otros seres anteriores, existieron para adaptar mejor la encarnación del alma.


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