Veneración al ego en el matrimonio
Veneración al ego en el matrimonio

En un matrimonio, el espacio personal, los gustos y pasatiempos son importantes, pero la relación en pareja no puede convertirse en una veneración equivocada de un ser humano que abusa del amor que los demás le profesan.

El “culto al yo” es muy popular en este país y tiende, sobre todo, al beneficio del hombre, ya que aún seguimos siendo una cultura sumamente machista. No es sorpresa oír frases como: “en esta casa no se come “esto” porque a mi marido no le gusta”, “no traiga a esa gente porque a su hermano no le gustan las visitas” o “aquí todo es verde y marrón porque son los colores preferidos del señor”.

Esto es una evidente inclinación dañina a darle gusto a una sola persona, a tener en cuenta el espacio, la importancia de tiempo y los antojos de uno solo de los integrantes de la pareja; lo que lleva, indudablemente, a crear un monstruoso ego de importancia personal.

Lamentablemente, la situación se ve tanto en hombres como en mujeres, aunque aún es más común ver a la mujer subyugada frente a las necesidades y supremacía de su marido. Vemos casos en los que las mismas mujeres fomentan estos comportamientos. Es realmente desolador como, en pleno siglo XXI, todavía se ven parejas en las que la mujer es relegada a las tareas del hogar, sin oportunidades de estudio o desarrollo personal; es anulada como persona.

Cuando hablamos de amor y equilibrio en la pareja, siempre es importante que las consideraciones e importancia se den en doble vía, en un balance justo. Si uno de los dos tiene en cuenta el espacio, los gustos y las necesidades del otro, es igual de trascendental que la pareja también tenga estas consideraciones en mente y les dé la importancia que se merecen. Si esto no existe, el matrimonio fracasará en algún momento.

Hay muchas parejas que no son amigas, que no se respetan ni valoran y que siguen viviendo juntos bajo la excusa de los hijos, pero en el fondo lo hacen para mantener una imagen social de aceptación. Este deforme culto al ‘yo’ los lleva a vivir un infierno insoportable, tratando de mantener ese estatus o ese cuento insostenible.

Ahora bien, es cierto que debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para salvar la unión, más aún, si tenemos hijos; pero, si no hay amistad, ni cariño, ni respeto, es imposible seguir adelante. Nadie tiene por qué aceptar voluntariamente ser maltratado física o mentalmente, mucho menos por la pareja.

Existen algunos que se unen sin ser amigos, solo por atracción, pero con el tiempo se dan cuenta de que la amistad y el respeto son elementos clave para vivir felices juntos, y, a fin de cuentas, logran ese equilibrio que tantos añoran.

Nosotros tenemos los ingredientes para la felicidad, el asunto es saberlos agregar a la fórmula del equilibrio. Es cuestión de sensibilidad, es saber dosificar, administrar y manejar los espacios y las distintas personalidades de nuestros seres queridos. Es un asunto que nada tiene que ver con la formación académica o profesional; estas acciones y este conocimiento vienen de la elegancia del alma y de la sensibilidad del espíritu.


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