La Tierra es una estación de paso
La Tierra es una estación de paso

Es increíble pensar que existen personas que afirman que los extraterrestres y los fenómenos ovni son un invento de la modernidad y que no hay ninguna prueba fehaciente de su existencia. Pero, es igual de sorprendente ver gente que cree en los ovnis ciegamente, sin investigar a fondo o sin entender las verdaderas pruebas de su presencia.

Lo curioso del hombre es lo fácil que olvida. Las evidencias extraterrestres existen, y no solo eso, sino que además muchas han sido publicadas en todas las agencias de comunicación al rededor del mundo, pero la gente olvida y los dirigentes se aprovechan de esto.

Un ejemplo claro son los descubrimientos de las escrituras sagradas. Primero las encuentran, se anuncian por todos los medios de comunicación, luego se someten a un largo estudio, para luego, pasados unos años, publicar una milésima parte del texto original. Por alguna razón, los encargados de la información ocultan la verdad, y funciona perfecto, gracias a la falta de memoria y de seguimiento. Lo mismo sucede con las evidencias de ovnis.

En 1952 la presencia de ovnis fue declarada oficial y su existencia fue autenticada por los organismos oficiales de las grandes potencias. Estas declaraciones se basaron principalmente en los estudios realizados a las fotografías de los incidentes de 1951 en Texas y Brasil. Se sabe que años antes, durante la Segunda Guerra Mundial, se vieron ovnis por todo el planeta.

En 1952, dos grandes ovnis fueron fotografiados sobrevolando el capitolio de Washington y fue tal la alarma del Gobierno, que dieron la orden de atacar. Afortunadamente, toda la comunidad científica protestó energéticamente, pues entendían que atacar estas naves, tan supremamente avanzadas, era lo mismo que proponer una guerra entre un niño y una legión de soldados experimentados. Hasta el mismo Albert Einstein acudió en su momento a la Casa Blanca para influir sobre la orden de ataque. En ese momento, la comunidad no se preguntaba si existían o no los extraterrestres; la pregunta era de dónde venían y cuáles eran sus intenciones.

Curiosamente, todos estos incidentes han pasado a la historia en la memoria colectiva. Y es que este no es el único evento. Todos los astronautas, sin excepción alguna, han avistado ovnis de todas clases, muchos han comentado que verlos era algo rutinario, que veían formaciones y hasta naves nodrizas gigantes.

¿Y fotografías? Existen miles de ellas que han sido comprobadas como reales, sin ajustes ni ediciones, que muestran fenómenos ovni claros y contundentes. Las más famosas son las de Alburquerque, las de Washington, la del ovni negro en Nueva York, las de Brasil en Barra de Tijuca y las famosas fotografías de naves enormes cerca de la Luna.

Todo esto ha sido comprobado y verificado. Son incontables las fotografías obtenidas por pilotos de naves comerciales y militares. Es una verdad que avanza con tantas evidencias, que es imposible ignorarla.

Lo sorprendente es que las evidencias no son únicamente modernas, desde la Antigüedad existe un sinnúmero de elementos que nos hablan de la existencia extraterrestre, como la estela de Naram-sin, expuesta en el Museo del Louvre. Esta es una imagen clara de un misil perfecto y, como esta, existe también la imagen del sarcófago de Pacal en México, que es tan clara, que tanto especialistas como turistas se refieren a ella como “la piedra del astronauta”. Muchas de estas evidencias nos hablan de tiempos remotos en los que seres del espacio exterior llegaron y dejaron muestra de su existencia en nuestra Tierra.

Tiahuanaco es un ejemplo precioso de lo anterior: en estas ruinas podemos encontrar piedras de millones de kilos, apiladas y acomodadas a la perfección, como pulidas con máquina. En otras zonas de África e Israel se encuentran plataformas ennegrecidas, que han sido atribuidas a catástrofes naturales, pero que verdaderamente son puntos estratégicos de aterrizajes de ovnis. Otro lugar extraordinario es la pequeña meseta sagrada de Barkal, en Sudán, que tiene arenas blancas en sus faldas, pero su superficie plana es completamente negra y muestra altos niveles de radiación y calor; características que nadie ha podido explicar.

¿Es posible pensar que en culturas antiguas, como la griega o la romana, al hablar de dioses o semidioses, con características sorprendentes, se hayan realmente referido a presencias extraterrestres que dejaron una huella en el pasado? Claramente, esto es posible. Aunque no hay que descartar conceptos que se han mezclado con las mitologías, como los símbolos ocultos en los nombres sagrados, como Odín, que representa lo absoluto, o la pareja de Frey y Freya, imágenes del espíritu de la fuerza.

La teoría de la siembra extraterrestre no es algo absurdo, de hecho, ya está siendo mucho más aceptada que la teoría incompleta darwiniana de la evolución, que dice que venimos del mono.

Todos los grandes calendarios y zodiacos nos enseñan de nuestro origen extraterrestre. Los misterios de Sirio de los africanos, las líneas de Nazca, las enseñanzas de los mayas, la perfecta alineación de Stonehenge como guía de aterrizaje de naves menores, nos indican la existencia de seres que vuelan, que ven construcciones enormes desde el cielo. Los acontecimientos históricos marcan un camino de diversidad, construcción, ignorancia y despertar de la conciencia. La historia de Noé y sus hijos, Sem, Cam y Jafet, separan una diversidad racial antigua, partiendo de una raza madre.

Nosotros estamos siendo visitados constantemente por civilizaciones extraterrestres, que fueron las que sembraron en nuestra Tierra el proyecto humano desde gigantescas naves hace millones de años. Ellos conocen el funcionamiento de la mente, del ADN y del poder de la meditación; están aquí, en nuestra mente.

La evolución está en el destino, en un plan de la comunicación con nuestro ser, que viene desde hace millones de años desde las estrellas.


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