El padre en la familia y en el espíritu
El padre en la familia y en el espíritu

Ser padre tiene un significado interno o esotérico que contempla varios aspectos del camino espiritual: el trabajo, la misión y la transformación total de las almas que le fueron encomendadas.

El trabajo corresponde al número 9 de la Cábala, el “ermitaño” o yogui que se refugia en su corazón para meditar en las maravillas del alma. Esto es trabajo a todo nivel: físico, astral, mental y espiritual. Este arcano también se denomina la “soledad” y significa la autorreflexión, el camino solo y el conocimiento que nos enseña que somos energía, cosmos, movimiento, ego, sueño, conciencia, amor, comunicación y fusión.

  • Energía
    Somos energía porque dentro de nosotros hay un constante y potente fluir eterno de corrientes energéticas, vitales para nuestra vida física y espiritual.

  • Cosmos
    Somos cosmos, pues es nuestro destino navegar a través del universo, asumiendo diversas formas, para ser manifestación de Dios en su creación y recreación.

  • Movimiento
    Somos movimiento, pues es ley universal que “nunca existirá en el universo quietud, todo en el cuerpo del Señor se mueve en dirección equilibrada y ascendente”.

  • Ego
    Somos ego porque cada uno de nosotros posee una individualidad que debe manifestarse. El ego es el que está encargado de darle una personalidad a cada encarnación, para hacernos un ser único. Ahora bien, un ser superior y avanzado, que se ha dedicado a la erradicación del error y a la perfección, no tiene está noción. Un maestro de este porte pierde la noción de los egos de la identidad y las individualidades, para entrar así en el estado de éxtasis, o Samadhi, donde desaparecen todas las denominaciones.

  • Sueño
    Somos sueño porque es necesario que el ser descienda a la inconsciencia para así poder reconquistar los elementos de la riqueza espiritual. Los seres iluminados que hoy están encarnando deciden hacerlo en la inconsciencia por su amor infinito a la humanidad, con el único fin de poder nuevamente despertar conciencia y sembrar en el corazón de quienes los rodearon la presencia bienaventurada del íntimo.

  • Conciencia
    Somos conciencia, pues es nuestro objetivo. Es la meta de todos y cada uno de nosotros alcanzar la conciencia, para lo cual debemos trabajar física y espiritualmente.

  • Amor
    Somos amor porque para alcanzar la gloria debemos evolucionar, amar y sacrificar. De nada sirven las austeridades y las prácticas hermosas si no podemos compartir con los demás esta experiencia mística.

  • Comunión
    Somos comunión, pues en nuestro interior se deben verificar uniones y comuniones espirituales. Nuestra fuerza debe ascender transmutada, iluminando el sendero de su recorrido, debe alcanzar la cabeza y coronarse, para luego efectuar su propia boda con el Cristo interno. Esta es la boda mística entre la madre fuerza y el padre Cristo.

  • Fusión
    Somos fusión porque el resultado final de todo el proceso interior es la fusión del alma nuestra con la inminencia suprema del ser íntimo cristificado de nuestro corazón.


Este es el camino de la verdad, el trabajo del iluminado, la carta número 12. El “apostolado” es quien ayuda con amor a que otros puedan ver la luz. Es entonces la misión del padre que sus hijos amen la conciencia.

Al sumar el 12 con el 9, el “apostolado” con el “ermitaño”, resulta el 21, la transmutación, el cambio inevitable. Transmutar es acabar con el vicio y el error, y nacer en la virtud del ejemplo que se puede oír desde el corazón. El Cielo nos envía en los hijos un diamante en estado original, una piedra preciosa que necesita ser pulida y tallada para mostrar su verdadero brillo.


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