Meditacion: una misma meta
Meditacion: una misma meta

Existen en nuestra historia una gran cantidad de corrientes espirituales, muchas de las cuales han formado seres iluminados con la misión de ayudar a la humanidad.

Es una triste realidad que todas las grandes doctrinas comienzan a deformarse o a decaer con la muerte o partida del ser iluminado que las ha promovido. Sucede por las constantes malinterpretaciones y desfiguraciones que se les hacen a los textos sagrados o a las doctrinas originales, todo con el fin de obedecer una conveniencia social con la justificación de “es para el bien de la comunidad”.

Hoy existen muy pocos casos en los que los grandes textos sagrados se han mantenido en su versión original. Por lo general, todos tienden a tener sesgos y malas interpretaciones. El idioma varía con el tiempo, y el lector o traductor lo acomoda a conveniencia.

El ‘Tao-Te-King’, el libro sagrado del taoísmo, es uno de los pocos ejemplos que se ha mantenido en el tiempo. Existen un sinnúmero de versiones y traducciones a todos los idiomas, pero, curiosamente, aún se conserva el texto original, a pesar de tener más de 2.500 años.

La existencia de Lao-Tse, quien escribió este libro, siempre ha sido puesta en duda, debido a la antigüedad de la doctrina y a la confusión de las traducciones. Pero, sí existió, y en las dimensiones superiores es un maestro iluminado, uno de los grandes guías de la humanidad. Nació en el año 575 antes de Cristo y murió 200 años después, su doctrina está consignada en los 81 capítulos del ‘Tao-Te-King’, y es el maestro del vacío, de la vacuidad.

El vacío es la doctrina de la observación, es calmar y observar la mente, corregirla a través de la sensibilización ante las manifestaciones mentales. Es meditar en el no ser, en el no estar, en el no tener, y emprender una labor amorosa de concienciación con quienes han olvidado la trascendencia de la meditación. Es desarrollar el alma.

Sus enseñanzas fueron tantas y tan importantes, que en China y Taiwán existen dos grandes corrientes que trabajan en la evolución y en la longevidad del cuerpo, y han tenido importantes avances.

Hablando de meditación, pensamos también en Teresa Sánchez De Cepeda, conocida como santa Teresa o madre Teresa, quien vivió en el siglo XVI y es una de las grandes santas de la Iglesia católica. De origen judío, dedicó su vida a defender la meditación, con la que las oraciones mentales y las plegarias silenciosas llevan al camino de la visión interior, o iluminación. En sus libros nos habla de esta práctica a través de su propia experiencia y en ellos nos queda su enseñanza maravillosa, que pasó por lo inimaginable para formar la Orden de las Carmelitas Descalzas.

Si analizamos la práctica de santa Teresa, vemos que nace de cerrar los ojos y sumergirse en la meditación, labor que han hecho muchos otros guías.

Mahoma, que significa “El alabado”, forjó su doctrina en una caverna de La Meca, donde, a través del proceso de meditación permanente, fue iluminado y aparecieron ante él varios maestros de los mundos internos, que le comunicaron su misión y quienes le dieron la inspiración divina para escribir los libros sagrados que conducirían a su pueblo.

En su leguaje profético, Mahoma hablaba de la meditación y de las prácticas de oración, y reconocía la santidad de los patriarcas del Antiguo Testamento y la cristificación de Jesús. Fue un ser superior e iluminado que tuvo una vida muy difícil, llena de conflictos, y que estuvo encargado de fundar una enorme fuerza espiritual que hoy cuenta con más de 500 millones de adeptos.

Si observamos los tres grandes seres que acabamos de nombrar, todos nos hablan de una misma práctica: la meditación. La esencia de sus enseñanzas es la misma, su meta es compartida, pues la meditación es la enseñanza del Padre Eterno en el corazón de cada guía.


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