Alma y espíritu de los seres vivos
Alma y espíritu de los seres vivos

En la filogenética se clasifica a los seres vivos dependiendo de su evolución y parecido entre sí, y se han determinado tres grandes grupos. El primero, son las bacterias, los organismos más numerosos de nuestro planeta; el segundo, está compuesto por los demás seres vivos, incluidos nosotros; el tercero, más pequeño, es el de algunas bacterias especiales que viven en condiciones extremas. Los virus son organismos que no se han clasificado, ya que no son seres vivientes.

Muchos se han preguntado cómo es el alma de todos estos seres vivos o si, de hecho, cada uno de ellos posee un alma. La respuesta es que todo ser vivo tiene una energía física ordenada que dura el tiempo de su manifestación material. Cuando el ser vivo muere, esta energía se transforma y se distribuye.

Ahora bien, hay una gran diferencia entre alma y espíritu, aunque algunos los consideren lo mismo. El espíritu es ese centro de concentración que emite una fuerza que impulsa y anima la vida, es el poder del corazón, el Atman que vive en nuestro interior. El espíritu es ese Cristo que vive en lo más profundo de nuestro interior. Nadie puede evolucionar si no encuentra comunicación con su esencia y, cuando lo hace, esta se denomina la segunda venida del Ser o del Cristo, que es la recuperación de la memoria de la humanidad para comunicarse con su Atman interior.

El alma, en contraposición, es el cuerpo avanzado que tenemos en las dimensiones superiores, es inmortal y es lo que nos caracteriza a cada uno de nosotros, así reencarnemos muchas veces. Cada una de nuestras personalidades, en las diversas reencarnaciones, desaparece cuando morimos, pero el alma, al ser eterna, prevalece.

En las escalas de evolución, nosotros, los seres humanos, somos el último escalón, somos lo más avanzado y sofisticado de la naturaleza. Cada ser humano tiene un alma y tiene también un ser interior, que es la ventana que nos comunica con el absoluto.

Entonces, nos preguntamos cómo son las almas de los perros, los gatos, las baterías o las plantas. Todos los seres de la Tierra tienen un sistema de alma y energía que difiere según su manifestación y evolución. No es lo mismo el alma de un perro que la de una hormiga. Los animales superiores, como los mamíferos, tienen un sistema nervioso avanzado y, por lo tanto, tienen un centro corazón también evolucionado, pero su alma es más simple, más básica. Ahora bien, ¿tienen todos los demás seres un ser átmico espiritual como nosotros?

Los grandes maestros nos han enseñado que en los animales existe una gran luz que dirige sus almas, que las convoca y aglutina, y que en los milenios y civilizacionesse ha definido como el “ser elemental” o “ser dévico”. El alma de los animales es menos desarrollada y su ser interior no es individual, como en nuestro caso; su ser dévico agrupa a muchas almas animales.

En pocas palabras podría resumirse así:

  • Los seres humanos tenemos un ser átmico que dirige una sola alma.
  • Los animales tienen un ser átmico que dirige un grupo de almas.
  • Con las plantas pasa lo mismo, ellas tienen un solo ser átmico que anima un gran conjunto de almas elementales.
  • Las bacterias también tienen alma, pero es una energía astral básica, sencilla, debido a su desarrollo.


¿Cómo se establecen los grupos o divisiones por seres átmicos? Verdaderamente, esto se nos escapa de nuestra comprensión, son misterios del Ser.

En los mundos espirituales hay mucha relación entre las células avanzadas (como las neuronas) con la energía del alma o con los cuerpos superiores. Es un tema bello y extenso del que seguiremos hablando.


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