Sociedades secretas y el nacimiento de la Nueva Era
Sociedades secretas y el nacimiento de la Nueva Era

Las sociedades secretas han venido evolucionando y cogiendo fuerza mundial en las últimas décadas. La gran mayoría, que nacieron de la Sociedad Teológica y de los movimientos espirituales del siglo XIX, se destacaron por su carácter esotérico y dieron forma a lo que hoy se conoce como Nueva Era o ‘New Age’.

Muchos fueron los que participaron en su formación, algunos sin darse cuenta; personajes de alto renombre, como William Blake, Aldous Huxley, Teilhard de Chardin, Thomas Morton, Anthony Mello o Helena Blavatsky. Pero fue Alice Bailey la que, sin duda, tuvo más incidencia en la formación de esta nueva corriente.

Alice Bailey nació en Inglaterra y murió en Nueva York, fue tildada de rebelde, pues perteneció a la Sociedad Teológica para luego retirarse y formar un movimiento aparte. Hay algunos que aún afirman que tuvo discusiones directas con Madame Blavatsky, pero esto es mentira, ya que murió cuando Alice era muy joven. Lo que sí hizo Bailey fue tomar todos los temas desarrollados por Blavatsky y transportarlos a un lenguaje más “norteamericano”, mística que posteriormente a su fallecimiento formaría el movimiento Nueva Era.

Alice siempre afirmó que su inspiración venía de un maestro que le hablaba telepáticamente y, aunque intentó aproximar la enseñanza sagrada a Occidente, si analizamos sus palabras, podemos ver con claridad que en muchos casos se alejan de los conceptos originales, perdiendo el hilo.

Ella decía: “La magia y las ciencias de la energía son exactas, y exigen un punto de partida de la memoria muy preciso para poder captar lo que en algún momento dejamos en continuará”. En esta frase hay un error, ya que los chakras, el aura, los rayos y la magia blanca tienen unas claves que deben ser estudiadas y meditadas de forma exacta, porque son patrones espirituales que se cumplen perfectamente en todos los seres humanos y que resuenan en todas las dimensiones.

Alice fundó la Gran hermandad Blanca, con una oración muy conocida, que dice en su primer verso: “Desde el punto de luz en la mente de Dios, que afluya luz a las mentes de los hombres, que la luz descienda a la Tierra”. Muchos dicen que esta frase es algo demoniaco o la consideran una gran invocación, pero realmente es una oración muy linda, mas no es un mantra ni tiene pronunciación ni secuencias claves. No es la “gran clave del universo”, como muchos afirman.

A pesar de solo ser una oración bonita, tuvo una gran importancia en nuestra historia, pues al publicarse (a finales de la Segunda Guerra Mundial) dio paso a que el concepto de Nueva Era comenzara a forjarse en Europa (Escocia) y Norteamérica (California).

Con la posguerra nació el escándalo de la Nueva Era y el movimiento hippie, que alimenta la rebeldía y el pensamiento libre, y que, lastimosamente, fue severamente afectado por el consumo equivocado de drogas, la mayoría de origen natural. Con este despertar hippie, se originó también la independencia sexual y se cambió por completo el esquema mental de la humanidad; se rompió la calma y la quietud.

Los esposos Eileen y Peter Caddy crearon la Findhorn Foundation, en Escocia, una sociedad natural, de vocación espiritual, que seguía todos los componentes de Oriente y que le dio, junto con sus seguidores, gran fuerza a la Nueva Era en Europa.

En California, en todo el radio de influencia de San Francisco, se concentraron todas las características del movimiento holístico (hombre, universo y naturaleza como un todo), y fue allí que se comenzó a ver la gran influencia de las grandes corrientes de pensamiento que alimentaron la Nueva Era y el movimiento hippie. Fue allí también que luego se dio el nacimiento del rock, del Hare Krishna, de las palabras de Vivekananda, de la ‘self-realization’ de Yogananda, de los escritos de Huxley, de Castaneda, de Arnold Toynbee, y de tantos, que es imposible mencionarlos a todos.

La Nueva Era nació como un movimiento bonito y simpático, con sólidos conceptos, pero, como pasa con la gran mayoría de religiones tradicionales, el tiempo la tergiversó, llenándola de defectos, manipulaciones, amenazas y corrupción.


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