Adán y Eva, La manzana y la serpiente
Adán y Eva, La manzana y la serpiente

Aunque hemos abordado muchas veces este tema, siempre surgen dudas frente a las simbologías y verdaderos significados de nuestro origen.

La historia de Adán y Eva habla del origen de las razas primigenias, que está consignada, de una u otra forma, en todas las escrituras sagradas de nuestra humanidad. Nosotros, particularmente, la conocemos originalmente desde la versión hebrea o judía, de la que nació el cristianismo y el islam.

Todo el Génesis está lleno de alegorías que no son fáciles de entender, pues se habló en un tiempo distinto, cuando se necesitaba preservar el conocimiento del origen de un futuro lleno de olvido y oscuridad. Los clarividentes pasados sabían de la futura pérdida de memoria de nuestra humanidad, y era el cataclismo más horrible.

Cuando hablamos de razas, realmente nos referimos a otras humanidades que han existido antes de nosotros. Humanidades que han tenido sus propias civilizaciones y nombres correspondientes pero que nosotros nombramos de esta o aquella manera, haciendo una traducción de las escrituras antiguas.

Por ejemplo, cuando hablamos de la raza polar, no es que realmente se llamaran así, es simplemente un nombre guía para nosotros. Cuando nos referimos a “razas raíz”, evocamos a las humanidades o adaptaciones raíz, y de la forma en que estas han adaptado sus cuerpos físicos y astrales a la Tierra.

Las primeras adaptaciones de nuestro planeta fueron seres en un estado astral, que eran andróginos y hechos a imagen y semejanza de Elohim. Estas adaptaciones no tenían diferenciación de polaridades, eso quiere decir que eran completamente asexuados. La separación de sexos se dio en la cuarta adaptación, la que nosotros conocemos como “humanidad atlante”. Había comenzado en la anterior, en Lemuria, pero se dio en su totalidad en la atlante.

Pero ¿qué quiere decir que éramos andróginos y que hace millones de años se dio la separación de los sexos? No es fácil de entender. Esto involucra viejas enseñanzas, libros sagrados, alegorías, y desvirtúa completamente la teoría de que somos un “mico evolucionado”.

Cuando, en la narración de Adán y Eva, Dios duerme a Adán, se está refiriendo directamente a la pérdida de la conciencia y la memoria, al “dolor” de estar aferrados a la materia. En este proceso de pérdida del corazón de Adán (de su sistema nervioso) surgen dos polaridades, una división: los dos sexos que ahora conocemos.

La humanidad atlante desapareció con el diluvio (hecho narrado en todos los libros sagrados), y con su desaparición se perdió la memoria del origen. Con el remanente de la Atlántida se formó la última humanidad, la nuestra, que comenzó a gestarse en la región polar del norte, cuando los climas eran distintos. Pero, cuando el frío comenzó a volverse más intenso, esta nueva humanidad inició su migración hacia el sur, hacia Europa y Asia. Por eso se habla de que los celtas, vikingos, hebreos, persas, hindúes y grecorromanos comparten sus mismas historias de origen, con los ángeles creadores, los seres de luz y los ancianos en las esferas. Y de todas estas viejas civilizaciones vienen las historias del origen, del Paraíso, de la manzana y la serpiente.

El Paraíso es el conjunto de las dimensiones superiores, los hermosos mundos del Astral-Cristo, de las que fuimos expulsados. Aquí, en la tercera, todo es distinto, pesado y lleno de caos, mientras que en las dimensiones superiores todo fluye y cambia con un ritmo de perfección completa.

La manzana, por otro lado, representa la mente, el conocimiento y los defectos. La manzana recupera o hace perder la memoria.

La serpiente es el balance de la energía, es nuestra médula espinal, es la dirección y el sentido de la energía. Cuando asciende, es el bastón sacerdotal, el báculo de Aarón, es la regeneración de la máquina extraterrestre o del carro material que transporta nuestra alma. Cuando la energía asciende, entonces, hay balance, luz, recuperación, desarrollo, conciencia, evolución e iluminación.

Ahora bien, cuando la energía desciende, que es el caso de nuestra humanidad, es negativa, y genera la pérdida del conocimiento. Cuando la serpiente desciende, es negra y forma una contraparte de la columna en los mundos inferiores, y a esto se refieren las viejas escrituras, al mundo negativo de las fuerzas que se contraponen a la evolución.

Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso y la memoria ancestral quedó suspendida en un sopor astral, en un estado de latencia que cada uno debe despertar. Nosotros tenemos las claves del origen, todos tenemos una inteligencia prodigiosa. El camino es interpretar los signos y las enseñanzas de la manera correcta para así regresar al Paraíso y recuperar la memoria.

 


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