Depresión y otros trastornos en adolescentes
Depresión y otros trastornos en adolescentes

Los jóvenes, al igual que los mayores, suelen ser muy susceptibles a caer en depresiones. La mayoría se forja desde temprana edad, pero existen algunos trastornos que están muy ligados a etapas particulares de la vida.

Recordemos que la adolescencia es la etapa transitoria entre la niñez y la madurez, y probablemente es uno de los momentos más cruciales del ser humano, especialmente, a partir del siglo XX, cuando la industrialización requirió un aprendizaje más prolongado.

En siglos pasados, un niño al cumplir 12 años era considerado un hombre apto para el trabajo, y una niña, cuando se desarrollaba, era vista como una mujer, lista para el matrimonio. En esos tiempos la adolescencia no era como la conocemos, de los 12 a los 19 años. Esta etapa es un periodo de rebeldía, los jóvenes están en una constante búsqueda de individualidad e identidad dentro de una sociedad que no les brinda las oportunidades que requieren. Su entorno le exige al joven diversos comportamientos y metas, pero sin ofrecerle las herramientas para lograrlo.

Por otro lado, en el hogar se les da ciertas libertades, pero se les restringe en otras y la sociedad se dedica a utilizarlos, principalmente, por ser grandes consumidores de productos, pero sin tener en cuenta sus necesidades afectivas y espirituales. Un capitalismo deshumanizado, de materialismo rampante, que encasilla y acorrala a los más jóvenes.

Esto ha llevado a los adolescentes al escapismo, buscan bebidas alcohólicas, drogas o sexualidad compulsiva, con el fin de escapar de una realidad que consideran que no pueden manejar.

Otra forma de escapismo cada vez más alarmante es el suicidio. Jóvenes con futuros prometedores se sienten acorralados e incapaces de trascender las dificultades sociales, llevándolos a quitarse su propia vida. La educación pragmática y el materialismo excesivo no les enseñan a sondear estas dificultades.

Ahora bien, existen muchos trastornos de carácter temporal. En un informe presentado por el doctor David Bernstein, sicólogo del Centro Médico de la Administración de Veteranos en Nueva York, se afirma que algunos de los siguientes trastornos son temporales:

  • Paranoide: tendencia a ver las acciones de los otros como deliberadamente denigrantes o amenazadoras.
  • Esquizoide: la personalidad ni quiere ni disfruta de una relación cercana y con frecuencia parece fría y perdida.
  • Esquizotípico: patrón permanente de peculiaridades de pensamiento y comportamiento, son supersticiosos, con fantasías extrañas y preocupaciones.
  • Histriónico: implica una búsqueda excesiva y emocional de atención.
  • Narcisista: entraña un sentido grandioso de la importancia de su yo, sensibilidad extrema a la crítica e incapacidad de reconocer lo que sienten otras personas.
  • Fronterizo: inestabilidad en la imagen de sí mismo, en el estado de ánimo y en las relaciones con los otros.
  • Evidente: patrón permanente de incomodidad en situaciones sociales, timidez y temor extremo a la desaprobación.
  • Dependiente: implica comportamientos sumisos en una variedad de contextos.
  • Obsesivo-compulsivo: patrón de perfeccionismo e inflexibilidad en una variedad de contextos.
  • Pasivo-agresivo: tendencia permanente de resistir a cumplir obligaciones sociales y de trabajo, por medios tan indirectos como postergar o decir que han olvidado sus tareas.


Sin embargo, el doctor sí especifica que estos trastornos se deben manejar con cautela y que, de ser identificados en nuestros jóvenes, la mejor estrategia es llevarlos a un acompañamiento sicológico, donde se pueda establecer si efectivamente es un trastorno pasajero o uno persistente.

En un mundo constantemente cambiante por la tecnología y la ciencia, los adolescentes se enfrentan a grandes cambios y retos, muchas veces sin los conocimientos necesarios y con la mentalidad de que ya son adultos que no necesitan el apoyo de sus padres.

Es en esta etapa, que como padres se debe ser aún más pacientes y amorosos, se les debe dedicar mucho tiempo dentro del hogar y transmitirles los valores de familia. Esto fortalecerá su carácter y los preparará para recibir y afrontar constructivamente sus respectivas realidades.

 

 


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