Los Reyes Magos y el apocalipsis de Adán
Los Reyes Magos y el apocalipsis de Adán

Generalmente se piensa que el tema de los Reyes Magos es mencionado tangencialmente en la Biblia y que no tiene una plataforma de historia ni continuidad.

 

Existe un gran miedo al análisis de las tradiciones y los sucesos religiosos, y que con este salga a la luz algo que se considere herético, pero, pensemos cómo las grandes corrientes religiosas nacieron de hechos extraordinarios, tan maravillosos, que en un principio fueron catalogados como mágicos. De esto hay muchos ejemplos.

 

Uno de ellos es el misterioso ‘Libro de Set’, encargado a los Reyes Magos para ser entregado a Jesús. También conocido como el ‘Apocalipsis de Adán’, este escrito recoge las enseñanzas a su hijo Set. Pero, dicho de una manera más clara, son las enseñanzas de la civilización “adámica”, que pasa su sabiduría energética a sus pueblos derivados. Es, más o menos, lo que hicieron los mayas cuando enseñaron sus conocimientos energéticos a los olmecas, antecesores de los aztecas.

 

El ‘Libro de Set’ es un escrito maravilloso, pero absolutamente oculto y extraño en su escritura. Es un libro hebreo que habla sobre Adán y su hijo, quien es rechazado por los cristianos (aun cuando este libro es un regalo del pesebre), que habla de encarnaciones de Zoroastro y que, en definitiva, ha sido altamente malentendido.

 

Hacia la mitad del libro se encuentra un texto llamado ‘El escrito de los sellos’, que habla de los futuros patriarcas que se encargarían de la custodia del aura Mazda. Se habla de las personas que en un futuro recibirían los conocimientos sagrados de la alquimia.

 

Los Reyes Magos no eran solo tres como se piensa, eran varios y provenían de diversos lugares del mundo. Los Magos eran originarios de Siria, Persia y Caldea, pero también llegaron desde India, Bactria, Babilonia, Grecia, Armenia, Etiopía y Egipto. Los mazdeístas tenían los mapas y los listados de todos los Reyes Magos y los respectivos presentes que deberían entregar al señor Soshyans, es decir, Jesús.

 

La relación tan estrecha entre los mazdeístas y el cristianismo primitivo se debe a la antigua creencia que decía que, después de doce jerarcas, Zoroastro encarnaría de nuevo en la tierra de Sem, cuando la constelación de Virgo primara en el medio cielo y la estrella-guía llegara y anunciara a todos, por separado, el momento y que, luego de que todos se encaminaran, la estrella brillaría en la Tierra en lo que hoy corresponde a Palestina.

 

Ahora bien, ¿qué era esa estrella? Muchos han intentado explicarla, inclusive el gran Kepler, pero ninguno ha llegado a una conclusión que realmente se ajuste al comportamiento tan particular de la estrella de hace más de dos mil años. Según el evangelio apócrifo de la infancia, de origen armenio, se habla de la estrella con una maniobrabilidad increíble, que fue capaz de presentarse en varios sitios a la vez, para luego desplazarse en un solo sentido y finalmente quedarse quieta en un solo punto. Además, en este evangelio apócrifo podemos leer cómo la estrella convenientemente desaparecería en momentos de peligro.

 

Muchos han considerado que estos apócrifos eran falsos, y es que después de tantas traducciones y ajustes, podría llegarse a pensar en esto. Pero, con la aparición de los libros de Nag Hammadi, en el año 1945, toda duda desapareció. Uno de estos libros era precisamente el ‘Apocalipsis de Adán’.

 

Por más que tratemos de dar interpretaciones a la estrella siempre llegaremos a la conclusión del ovni, pues es la explicación que más concuerda con esta realidad. Hay quienes por miedo a tener que admitir la intervención de inteligencias extraterrestres han asociado la estrella con la columna de fuego que guio al pueblo elegido en el desierto y que se narra en el ‘Éxodo’, pero esta es una comparación que no viene al caso, por su gran diferencia.

 

El asunto de la estrella es por demás interesante, pero lo es más la relación que tienen los Magos en la educación de Jesús en sus años ocultos y su concepto de unión de las grandes corrientes espirituales.


Propiedad intelectual de Hilda Strauss. Todos los derechos reservados ©