Ovnis, ¿estamos solos?
Ovnis, ¿estamos solos?

La pregunta ¿estamos solos en el universo? es uno de los cuestionamientos más repetidos a lo largo de nuestra historia y en la actualidad.

Existe un sinnúmero de incrédulos que afirman que es imposible la existencia de otras vidas inteligentes en el universo, pero, ¿cómo es esto posible, si existen en el espacio millones y millones de estrellas, galaxias, nebulosas y cúmulos, en los que se presentan infinidad de posibilidades de planetas orbitando como el nuestro?

Así mismo, existe la prueba irrefutable de una gran cantidad de avistamientos de ovnis en las últimas décadas y la evidencia histórica de inteligencias extraterrestres en toda clase de inscripciones, estatuillas, objetos y relatos de antiguos grupos humanos.

Uno de los descubrimientos más grandes de la arqueología, por ejemplo, es el colosal complejo de Palenque, en Chiapas, México, donde encontramos una talla muy particular: la pieza es la tapa de un sarcófago de la tumba de Pacal y representa a un hombre inclinado sobre una máquina de gran complejidad, manejando una nave. Como esta, existen muchas imágenes de “dioses voladores” y hombres con cascos protectores en lo que a la fecha se ha descubierto de los pueblos mayas y aztecas. Además, recordemos que no se ha desenterrado ni diez por ciento de lo que dejaron estas civilizaciones.

En el Museo del Louvre podemos encontrar otra pieza de especial relevancia: se trata de la talla Naram-Sin, que fue descubierta en la actual Siria y data de tres mil años antes de Cristo. Esta talla indiscutiblemente representa, con detalle sorprendente, una imagen con forma de cohete. Además, podemos apreciar en ella representaciones de estrellas y figuras humanoides, entre ellas, una se destaca por su particular tamaño, que en proporción correspondería a un ser con una estatura de 2,6 metros.

Pero ¿Astronautas, gigantes, misiles y cohetes en el tercer milenio antes de Cristo?

Otra pieza maravillosa, encontrada también en Siria y que data de la misma época, retrata un sistema solar de detallada complejidad y que presenta, además, no nueve sino diez planetas. Como sabemos, el décimo planeta fue descubierto por la ciencia hace apenas unos años. ¿Cómo es entonces posible que se supiera de su existencia hace tantos miles de años? o ¿cómo desde la antigüedad ya se conocía como Nibirú, un planeta pequeño de órbita extraña? En la talla también vemos a un hombre retratado, un gigante, por sus proporciones.

Otro ejemplo lo encontramos en las Américas precolombinas, donde existe el mito de Bochica, que tiene una clara influencia extraterrestre. En este se ilustra a Bochica, un señor blanco, muy alto, de luengas barbas, ojos claros, túnica resplandeciente y una rara emanación de luz, que flotaba en el aire y que les enseñó a los chibchas el conocimiento de la siembra y la alimentación. Todo indica que era un ser venido de otros mundos, que no envejecía y cuya aparición y desaparición ocurrieron de forma extraña e inesperada.

Si nos dirigimos ahora a Líbano, encontramos el famoso complejo de Baalbek: una construcción misteriosa y antiquísima, donde se encuentran piedras enormes, talladas de manera tan precisa, que pareciera que hubieran sido grabadas con tecnología láser. Así mismo, nos queda la incógnita de cómo se transportaron aquellas gigantescas piedras hasta ese lugar. Similares en material y corte, encontramos en Bolivia otro complejo de ruinas de piedras formidables, grabadas con diseño tan moderno y tecnológico, que pareciera sacado de la Guerra de las Galaxias.

Estos son algunos ejemplos de las innumerables contradicciones y casos particulares que refutan la teoría de que somos los únicos seres inteligentes del universo; pero, como estos, existen muchísimos más.


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