La derrota del diablo
La derrota del diablo

En muchos de nuestros programas de radio hemos hablado del diablo, qué es y cómo derrotarlo a través de los ocho pasos de la iluminación. Para aquellos que no hayan podido escuchar estas emisiones, explicaremos inicialmente los conceptos de “diablo” e “infierno”.

El diablo es el conjunto del poder negativo mental de toda la civilización, la gran mente humana. Este demonio es una realidad que nos azota todos los días, por el diablo existen guerras, hambre, ambición, ansiedad y falta de claridad. Una de las grandes características de ese demonio universal es que obra en secreto y se solapa continuamente en la confusión.

Si el diablo es mental, ¿en dónde o en qué queda la magia negra y la brujería y las fuerzas negativas? Todo lo anterior sí existe, porque el poder mental existe y el poder de proyección energética mental existe. El gran problema es que el hombre no sabe el poder que tiene ni conoce las horribles consecuencias que tienen sus actos espantosos. En este sentido, el infierno también existe: son dimensiones inferiores a la física, en donde el sufrimiento es inconcebible para nosotros, son estados que la mente no puede comprender en la materia, al igual que ocurre con las dimensiones superiores.

Ahora, la manera de contrarrestar esta tendencia natural negativa del hombre es a través del camino del despertar de la conciencia, y en este sentido nuestra guía son los pasos del budismo tibetano y del clásico, tomando como base las palabras originales del señor Gautama. Él hablaba de los ocho pasos o fases de la iluminación, que son:

  • Saber ver la vida: ver la vida de forma correcta, con positivismo, con la mirada del dharma, con la de lo próspero, de lo feliz, aun en la adversidad.
  • Tener buena intención: esto significa obrar con bondad, amor y consideración.
  • Saber hablar: sabemos que las palabras son poderosas; crean y pueden ser realidades físicas, entonces, tenemos que hablar para construir, para generar felicidad, para solucionar, para armonizar. Los vocablos son importantes, así que no debemos acostumbrarnos a las malas palabras, a los chistes “subidos”, a los comentarios picantes, a la maledicencia.
  • Saber obrar con rectitud: obrar bien recae en todos los aspectos de la vida. Obrar bien con mis semejantes y con la sociedad, ser buena persona en pensamiento y obra, como es no ser envidioso, tacaño o grosero. También se debe obrar bien con su propio ser, cuidar de su cuerpo y espíritu. Así, surgen mandamientos como: “obre bien, no mate”, obre bien, no robe”, “obre bien, no sea agresivo”.
  • Trabajar perfectamente: esto se refiere a la misión de la vida, es algo que nos involucra a nosotros mismos y a los demás, es la energía cotidiana nuestra, el amor nuestro que se hace visible en nuestro trabajo. “Trabaje bien”, que el producto de su trabajo sea maravilloso para usted y para los demás. Haga una contribución positiva a la sociedad, sea un ejemplo para los demás, sin esperar alabanzas o retribuciones.
  • Tener un correcto esfuerzo: según las hermosas palabras del señor Gautama, tener un correcto esfuerzo reduce la fuerza del demonio mientras es aniquilado. En este paso, se sentencia: “evite todo lo negativo, su vida es alegre y positiva, recuerde que el pesimismo daña y las acciones negativas se devuelven. Transforme sus costumbres negativas y conviértase en fuente de buenos pensamientos para así cambiar la vibración negativa de la mente. Sea constante”.
  • Estar alerta: significa recordar y vivir el momento, que existimos y donde estamos. Ese inventario instantáneo de la vida es necesario hacerlo en todo momento, siempre. Para los tibetanos, por ejemplo, este es el primer paso de la meditación: antes de pensar en concentrarse, primero es necesario recordar que estamos encarnados.
  • Saber meditar: este paso no habla de la meditación en una pose o en una actitud especial, aquí se habla de la meditación de los momentos de la vida. Aunque para algunos parezca difícil, la meditación es una habilidad humana y la hacemos todos los días, solo que no con este nombre. Lo hacemos en esos momentos en que estamos solos, pensando en nuestras circunstancias, problemas o eventos. Sin embargo, la meditación enfocada se vuelve una tarea de práctica y ejercicio constante.

Estos son los ocho pasos o fases de conciencia, optimismo y felicidad para la vida. Claramente, están resumidos, pero los ampliaremos en otro momento.


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