Libros sagrados
Libros sagrados

Libros sagrados existen muchos y la Biblia es uno de ellos. Cada grupo humano que sea heredero de las grandes civilizaciones antiguas disfruta de un código de enseñanzas sagradas dictadas o recibidas por seres superiores; seres que en su comprensión global de la humanidad pudieron establecer un código ético, una enseñanza oculta o una verdad sagrada.

Desafortunadamente, la ignorancia y el miedo han llevado a que, a lo largo de nuestra historia, y hasta el día de hoy, existan muchas personas de diversas culturas o religiones que menosprecian el valor de las escrituras sagradas de otros grupos, solo por el hecho de ser diferentes. Vemos, por ejemplo, a muchos grupos cristianos que al hablar de los budistas los tildan de herejes, de seres que se van a quemar en el infierno. En cambio, al oír a los budistas hablar de Jesús, vemos que lo hacen con el mayor de los respetos y reverencias, pues entienden que él fue un ser iluminado de grados budísticos inimaginables. Consideran, así mismo, a la Biblia como un libro sagrado del mismo nivel que el Vinaya o los sutras o el Bardo Thödol.

Estas acciones violentas de grupos guiados por la ignorancia, no son amorosas. Recordemos que es en el amor donde encontramos la paz y es con amor que se puede reconocer las diferencias de culturas, ver más allá e identificar el verdadero conocimiento interno. No es sorprendente, entonces, que todas las enseñanzas de amor de Jesús sean tan parecidas a las dictadas por Buda.

El mundo de las sagradas escrituras es fascinante: hay tanto conocimiento y tanta verdad, que llega a ser abrumador. En cada uno de estos textos Dios nos muestra “pistas” de la evolución, cada libro es un compendio de sabiduría en el que está la verdad, mencionada en otras lenguas y en diferentes formas, pero que en su esencia conducen siempre a lo mismo.

La Biblia es un libro sagrado de suma importancia, que no puede leerse a lengua muerta, pues tiene un indiscutible significado oculto. Son muchos los ejemplos en los que podemos encontrar la ciencia del alma en sus líneas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

Vemos, por ejemplo, la simbología que tiene la figura de la serpiente en el Antiguo Testamento. Aquí, personifica al demonio que lleva a Adán y Eva al pecado. Este pecado se refiere a una caída espiritual de orden sexual, es la caída energética de la humanidad en el sexo negativo y el desperdicio malsano de una errada concepción de la sexualidad. Hombres y mujeres experimentaron una caída espiritual, se hundieron en la inconciencia y fueron relegados a las tinieblas.

Las razas antiquísimas eran astrales, no tenían un cuerpo físico. Al caer en la inconciencia, descendió la manifestación humana a la materia y esa es hoy la humanidad, solo materia y forma.

En el Éxodo se describe con especial detalle las varas sacerdotales que acompañaban a grandes patriarcas. Este báculo, en forma de S alargada, termina en una protuberancia y, por lo general, está rodeada por una serpiente enrollada.

Si se analiza a conciencia, encontramos que el báculo representa la médula de la columna vertebral, la protuberancia es el cerebro y la serpiente es la energía sexual, pero, en este caso, positiva. La serpiente es la representación de la kundalini, o energía central de la evolución consciente, y es el flujo positivo que sube primero por el nadi central sushumna.

En esta ascensión energética se encuentra el poder del hombre, que con su energía transmutada y proyectada puede crear y manejar los elementos. Actualmente, los yoguis orientales conocen esta transmutación de la energía y saben la ciencia detrás de ella, al igual que lo sabían los grandes patriarcas del Antiguo Testamento, como Moisés, Aarón y sus hijos.

En el mismo Éxodo, se habla de la cimentación del tabernáculo, que se refiere a la gran construcción de luz del ser evolucionado, de sus chakras iluminados y de sus cuerpos conscientes y vestidos de luz.

En conclusión, la Biblia, entre otros textos sagrados, es un código de evolución que va mucho más allá de la simple interpretación. En la Biblia se puede constatar que la “evolución es el único camino”.


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