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Divorcio después de años de casados

Publicado en27/11/2017 Por

El gran Siddhartha, uno de los grandes guías espirituales de nuestra humanidad, decía que un gran problema de la mente es el apego. Muchas veces, nuestra mente se apega a situaciones o rutinas más que a personas. La mente se apega a la seguridad, a la tranquilidad y a la constancia de ciertas circunstancias.

El gran Siddhartha, uno de los grandes guías espirituales de nuestra humanidad, decía que un gran problema de la mente es el apego. Muchas veces, nuestra mente se apega a situaciones o rutinas más que a personas. La mente se apega a la seguridad, a la tranquilidad y a la constancia de ciertas circunstancias.

Este es un caso bastante común en algunos matrimonios que llevan varios años de casados: los esposos están más apegados a las rutinas propias del matrimonio que a su propio cónyuge.

En algunos casos, es tan cierta esta realidad, que con los años se han venido acumulando arrepentimientos, inseguridades y resentimientos, pero hay más apegos a las costumbres, y por eso vemos algunos casos de personas que hasta soportan maltratos y abusos con el fin de mantener ese apego.

Ahora bien, si nosotros logramos desapegarnos, desde el fondo de la mente, de la persona y de las situaciones que nos unen a ella, entonces, lograremos sobrepasar fácilmente los tragos amargos de la vida.

En una separación, por ejemplo, los recuerdos obran en contra nuestra, rememoramos aquellas épocas gloriosas de nuestra pareja, y recordamos también momentos más difíciles, como infidelidades o maltratos, con una amarga sensación de injusticia. En entonces que nos llenamos de rencores y amarguras.

¿Cuál es la solución? Dejar que los recuerdos lleguen a nuestra mente de manera neutra, como si pertenecieran a una vida pasada; en ese momento también se neutralizan los resentimientos, las memorias de injusticia e impotencia, y podemos seguir adelante con la vida que hemos creado: autónoma, forjada por nosotros mismos, en la que podemos desterrar la tristeza, la melancolía y la inseguridad.

Cuando nacemos, estamos solos, y lo mismo pasa al momento de partir, pero con la alegría y la seguridad de nuestro Ser interior; todo queda en el pasado, y solo queda la estabilidad y la realidad, el consejo del Ser, la influencia del espíritu.


Propiedad intelectual de Hilda Strauss. Todos los derechos reservados ©

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