El pecado
Pecado es en términos generales, la no observación de las normas morales de las reglas socio-religiosas, mínimas para la normal convivencia.
Necesariamente tendremos que recordar los mandamientos, contravenir alguno de ellos y según esto, pecado, es ser ateo, injurioso, irrespetuoso del asunto religioso y de los mayores, irrespetar la vida, honra y bienes del otro, ser impuro, no ser veraz, ser envidioso y ser codicioso. Pecado es todo esto para la comunidad religiosa cuyo código moral consiste básicamente en los mandamientos, sin embargo, para otras comunidades el pecado tiene más elementos, contempla más infracciones mortales y veniales, solo para dar unos pocos ejemplos, pero jamás con el ánimo de criticar, recordemos algunos posibles pecados de otras comunidades: En India, dar la espalda a la imagen de algunas deidades, en el Islam, puede pecar aquel que no haga sus oraciones en las horas indicadas, un indígena amazónico puede pecar cuando no obedece las órdenes de su anciano maestro o cuando no se prepara para la fiesta, etc., las comunidades religiosas dictan sus normas particulares y no solamente peca quien sabiéndolas no las cumple, es decir el adepto a esa filosofía, también se considera pecador al profano que por pertenecer a otros credos, ignora las leyes de otro, de tal forma que para el mahometano, el católico es pecador y también para el evangélico, para el católico los hindúes y orientales son pecadores, para los orientales, los occidentales somos relajados e incurrimos fácilmente en el pecado, etc., entonces el pecado ya es un asunto social, se convierte en el pecado social, en el incumplimiento con una comunidad, en la ruptura de un pacto expreso o tácito que se ha aceptado como canon ético y social, el pecado social es estar en contravía con esas normas sociales exactas.
Existe también el pecado acumulado, es aquel remordimiento inútil que existe en la memoria, es una sensación de pecado más íntima y personal “metí la pata en el pasado, soy pecador o pecadora”, “nunca me olvidaré, ni me perdonaré, ni me perdonarán, ni Dios me perdonará, he pecado gravemente”, es decir, el que piensa así revive instante a instante el fantasma del pecado que vive en su memoria, esto, unido a otro y a otro caso, forman el gran pecado acumulado de la mente.
Estamos sometidos continuamente a la trampa del pecado, no solamente somos sus creadores, también nos encargamos de perpetuar la imagen del pecado, con el remordimiento y la eterna repetición: Somos pecadores, somos pecadores, somos pecadores, les decía en un programa pasado que esto es como un mantra negativo de creación y afirmación, un acto negativo de fe que rotula un estado mental. Toda sensación de culpa y de pecado es nociva para el desarrollo interno, estas son trampas y espejismos de la mente para detener el camino de la conciencia, un gran maestro en India comentaba “El hombre repite constantemente: Yo soy pecador, yo soy pecador y si no lo es tanto, acaba siéndolo mucho, por una poderosa orden mental” nunca debemos olvidar que el pensamiento y la palabra tienen gran poder creador y en todos los casos dictaminan el camino y la velocidad de llegada a la conciencia, la autotortura y la repetición inútil de la existencia del pecado, sin la firme intención de la transformación, solo conduce a la inevitable corriente de la causa y el efecto, y al total olvido de nuestra herencia crística espiritual.
Para comprender el verdadero concepto espiritual del pecado, es necesario revisar urgentemente los conceptos de ego, karma y dualidad.
Ego: Es el aspecto mental negativo humano, es la reunión de entidades erróneas que habitan la mente y toman energía de los cuerpos que constituyen al ser humano en todas las dimensiones, se pueden diferenciar es decir, es posible identificarlos, esta es la envidia, esta es la ira, esta es la gula, pero es necio hablar de solo siete defectos, egos, yoes o pecados capitales, la mente defectuosa es tan variada y matizada, existen tantos traumas, miedos, complejos, delirios, exageraciones e inhibiciones en nosotros, que es imposible cuantificar, con la mente racional, el ego psicológico humano, su transformación debe ser como lo decía anteriormente, de la misma forma que Perseo derrotó a la Medusa, únicamente con el reflejo indirecto en el escudo, el ego se transforma sin identificarse con su influencia, restándole fuerza con frases y pensamientos positivos, no diciendo todo el día “yo soy pecador”.
Karma: Karma es movimiento, acción y más concretamente acción y reacción, es el efecto del actuar, el resultado del modo de vida, del nivel de conciencia y evolución.
Dualidad: Es el juego del sí y el no, de la afirmación y la negación, es la inclinación de la mente humana a cualificar todo cuanto ve de bueno o malo, todo lo nuestro tiene cualquiera de esas dos categorías, es bueno o es malo, positivo o negativo, el ego es dual y el nacimiento del ego está entre el sí y el no. La gente se pregunta ¿puedo escapar de la dualidad?, parece imposible, pero si tratásemos al máximo de eliminarla de nuestra vida diaria, el ego perdería su fuerza y estaríamos cada día más lejos de la corriente del Karma. El pecado nace en el ego psicológico y el Karma se mueve por efecto del ego, esta es una rueda de Samsara, un ciclo eterno, si interrumpimos en alguno de sus componentes, despertamos del sueño y el premio es la conciencia.
¿Hay virtudes pecaminosas y pecados virtuosos?
Los pecados virtuosos son más frecuentes, son aquellos horrendos egos que tienen muchas personas bajo un disfraz o apariencia de ayuda o santidad, dentro de este grupo se encuentran las iras santas, los falsos profetas, los santos y maestros negociantes, los perseguidores de otras doctrinas etc., las virtudes pecaminosas son menos frecuentes, son aquellos que obran correctamente, pero haciéndolo ofenden a otros, Jesús en su tiempo, pertenecía a este grupo, él cometía el error y pecado de ser amoroso y considerado con todos, con la posición y circunstancia del otro, con lo que los demás piensan y eligen, por esto fue un líder, por esa razón vive en el corazón de nosotros y de este pequeño mundo que habitamos, sin importar en qué y comó creamos, Jesús en su infinito amor no acusa o señala a nadie como pecador, hereje, disidente, demoniaco, profano, de la vieja era, de la nueva era, discípulo, maestro, docto o ignorante, para él todo es la plenitud del ser y el más infinito amor para todo, así es un Cristo, ese grado está reservado a aquellos que aman de verdad y como él son todas las almas crísticas.
Para acabar con el pecado es necesario trabajar en el autoanálisis en la conciencia del equilibrio, dejar de rotular todo: bueno o malo, ver en todo la imagen y la concepción perfecta de nuestro Cristo interno, meditar mucho, aquietar la mente y observarla, transformarla urgentemente, dejar de pensar ya que somos los poseedores de la verdad revelada y absoluta, buscar en nuestro interior la luz de la conciencia, sentados en nuestra casa, en paz, cerrando los ojos y controlando la respiración, encontramos la respuesta al enigma de nuestra evolución, cuando alcanzamos el máximo estado de la meditación, erradiquemos el concepto de la dualidad, no veamos persona, situación o cosa con el rótulo de bueno o malo, en esa neutralidad, en esa despolarización el ego no tiene alternativa, su fin es inminente, esta es una de las enseñanzas del glorioso señor Sidarta en el sendero de las ocho vías. Las técnicas para transformar el ego utilizadas antiguamente por teósofos y yoguis occidentalistas, son un poco graciosas e ineficaces, analizar ego por ego, ver su manifestación particular y fuente exacta de donde extrae energía física y mental, es utópico ¿cuándo acabaríamos? son tantos, además, estamos viendo de frente a la medusa, en el camino podemos petrificarnos ¿cuántos líderes de papel han caído en el mar de la arrogancia y de la vanidad con este sistema?, el ego es un océano, al que debemos transformar, envasarlo en una pequeña botella no es la solución, es imposible, el camino es la no dualidad, el vacío de la mente, el amor absoluto por todos los seres, en ese instante el Cristo nuestro ilumina con la luz del despertar nuestra energía primordial dormida en los chakras base, ella sube y se verifican entonces las bodas del alma, el resultado es simultáneo: Conciencia, no pecado, no defectos, no sufrimiento, despertar y ayuda para los demás, todo llega en comunión y complemento y no por partes como algunos equivocadamente piensan.