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El grial

Publicado en22/07/2025 Por

El misterio más grande

Y el grial es una copa, es un cáliz, nadie se pone de acuerdo en qué es y qué forma tiene, hay películas por miles en donde sale el grial, mencionado o recreado por el cine, la televisión o la literatura, es uno de los objetos más explotados conceptual y visualmente, se dice que es una copa humilde, tal parece que eso NO es cierto, se dice que es una copa céltica medieval, pareciera que eso tampoco es cierto, o que es de Ágata o de Lapislázuli y hay toda clase de historias acerca de su apariencia, hay muchas catedrales que contienen un grial aparentemente legítimo, catedrales importantes del mundo, bellísimas, majestuosas, pero ¿será ese el grial? Todo apunta a que la historia es parecida a los 500 dedos de San Francisco o de Santa Teresa que se conocen en relicarios “serios”, a propósito del equinoccio de primavera, en Enigmas encontramos una pequeña nota de la leyenda del grial de la época oscura:

El Grial Medieval

El primer autor que supo ver la magnífica historia literaria del Grial fue Chrétien de Troyes –en efecto, han leído bien: la misma ciudad donde el Temple recibió su Regla. Ciudad, por supuesto, de la Champaña francesa–. Tal vez era el año 1135 cuando se lanzó a escribir una obra titulada Perceval, y que trataba de un joven desconocedor del mundo hasta el límite de no saber incluso su propio nombre.

Era el zagal hijo de una viuda –dato notable, pues así se denominarán en el futuro a sí mismos algunos iniciados masónicos– y un buen día tiene un encuentro en un bosque con un grupo de caballeros procedentes de la corte del rey Arturo. Desde ese instante, no querrá otra cosa que ser uno de ellos. Ahorraremos ahora al lector las peripecias para lograr tal cosa y le presentamos en cambio la escena decisiva de la vida de este joven, que el narrador sitúa en el castillo de un misterioso monarca al que denomina Rey Pescador.

El rey, como su reino, estaba agonizante. En el castillo suceden ciertamente acontecimientos surrealistas entre los cuales no es el menor una procesión que desfila ante los incrédulos ojos del joven tras una cena bien regada. Aparece un escudero llevando una lanza de cuya punta mana sangre; otros transportan candelabros con diez velas; una joven porta un Grial; otra, una bandeja de plata... Pero Perceval no acierta a preguntar qué sentido tiene todo aquello y se queda dormido por el sopor de la cena y el vino. Al despertar descubrirá su nombre, Perceval el Galés, y se le reprochará que no hubiera hecho esas preguntas, pues de haberlas formulado el rey y el reino hubieran sanado. Ahora, en su amargura, no le quedará más remedio que localizar el escurridizo Grial. Pero, ¿qué era el Grial?

Según Chrétien de Troyes “el Grial (...) era de fino oro puro; en el Grial había piedras preciosas de diferentes clases, de las más ricas y de las más caras que haya en la mar ni en la tierra”. Y nada más.

Esas características podrían valer para siluetear cualquier cosa. Por tanto, ¿por qué no lo describe mejor el autor? ¿Tal vez porque estaba claro que no hacía falta más detalle? Nunca lo sabremos, porque en el verso 9.293 Perceval concluye abruptamente y sin un fin como es debido. Pero no hubo que esperar para que otro autor añadiera datos de interés a este misterio. En efecto, en 1200 nació Robert de Boron, un poeta borgoñés autor de “José de Arimatea” y de “El Santo Grial”. Este hombre sí explica en qué consistía el Grial, pues según su versión se trataría del cáliz con el que el de Arimatea recogió la sangre de Jesús en su crucifixión, sin que nadie se pregunte en voz alta qué tipo de afición es esa y si se la puede considerar sana. Muchas penalidades debe superar José, incluida la prisión, hasta poder huir de Palestina llevándose el cáliz. Se embarca y no toma tierra hasta llegar a Glastonbury o Ávalon –o al sur de Francia–.

La tercera versión medieval del caso llegará a finales del siglo XII y es obra de Wolfram von Eschenbach, autor de Parzival, donde aparecen novedades que nos aproximan a España. Y es que el autor asegura haberse servido de dos fuentes básicas: un tal Kyot de Provenza y un enigmático judío llamado Flegetanis que vivía en Toledo. ¿Qué novedades encontramos?

La más notable es que el Grial está en un castillo y que lo custodian caballeros templarios. Y así lo escribió Eschenbach: “viven junto a una piedra, y esa piedra es pura y preciosa. Los hombres la llaman Lapis Exilis (...) Y a esta piedra todos los hombres la llaman Grial”.

Pero, ¿cuáles son los griales?

  • El más famoso es el de la catedral de Valencia, un grial custodiado en un nicho de oro y en urna de cristal, varios papas han hecho misa con esa copa, tiene 2 asas y el receptáculo o cavidad es de piedra calcedonia, dicho sea de paso la catedral de Valencia tiene diseño místico en cruz, es bellísima, pero pareciera que ese cáliz no es.

  • El otro famoso es el conocido como el cáliz de Doña Urraca, es de piedra ónix de vetas verdes y marrón y adornado con joyería como el anterior, está guardado en un Museo en León, pareciera no ser tampoco.

  • Otro es el cáliz de Antioquía que está confundido con otras piezas en el Museo Metropolitano de Nueva York, es de plata bizantina y está en la colección de Siria, sin mayor explicación, cuando lo vimos me quedé extrañada de que no se le diera trascendencia a una copa que se ha pensado que es el grial.

  • Otro es la copa milagrosa de Lugo, nada lujoso, es una copa lisa con algunos buriles, ha sido una copa encantadora, varios la han considerado misteriosa, era la copa preferida de Wagner que viajó solo para conocerla.

  • Hay otro cáliz muy especial, que con toda seguridad se sabe, no es el grial, pero que es una copa Druida increíblemente importante, se trata de una copa conocida como el cáliz de Ardagh y actualmente se puede ver en el Museo Nacional de Irlanda en Dublín, es una joya celta, tiene su energía inextinguible, ni los del museo, ni sus investigadores saben la pieza que tienen en su poder, es una copa mágica druida.

  • Otra pieza muy especial es el Bowl de Ágata del tesoro imperial del palacio de Hofburg en Viena, es un cuenco hermoso que perteneció a Maximiliano II y pasó en herencias en los reinos de Bohemia, Alemania, Hungría y Austria, era una pieza o es una pieza muy especial para sus cuidadores porque perteneció a Constantino y en esa época era tenido como sagrado, reverencial y producía un poco de temor, posteriormente le pusieron el borde metálico, lo curioso es que mide 76 centímetros de diámetro y en Viena no lo exhiben mucho (casi nunca), siempre ha existido sospechas de que era el grial, pero el objeto es tan misterioso, que nadie puede afirmar cosa alguna.

Estas que les acabo de nombrar son algunas de las más famosas posibilidades del grial “histórico”, lo cierto es que en los escritos sagrados sí hay noticia de una copa sagrada sumeria que pasó luego a los arameos, hijos de Sumer y que perteneció a los tesoros del primer templo de Salomón, copa que fue custodiada por una élite judía en tiempos de Jesús, a la que pertenecía José de Arimatea, la copa “deambuló” mucho en Europa, durante años y al parecer, en algún momento fue pasada de urgencia o con urgencia a la dimensión del tiempo, esto no se comenta mucho, porque tal afirmación en el 2019 suena a cuento espiritualoide, más adelante esto será diferente, pero por ahora es ciencia ficción, esto del grial real ya ocurrió hace muchos años, entonces es improbable que cualesquiera de estas copas sea el grial, pero es tan curioso todo lo que rodea el asunto, que bien vale la pena mencionarlo en homenaje hoy al equinoccio de Primavera, celebración también del grial.

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