Los poderes de la Navidad

Publicado en10/12/2019
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Los poderes de la Navidad

 


 

El ser humano es, por naturaleza, un ser creador. Todo primero es espíritu, luego pasa a la mente y finalmente se materializa en el mundo físico. Los humanos somos poderosos, mucho más de lo que creemos.

 

Los momentos especiales del año son fechas particulares cuando el poder energético es más fuerte. Son pequeños instantes de poder que pueden ser utilizados por la mente para materializar proyectos.

La época de Navidad y Año Nuevo es magnética. El ambiente que se respira es especial. La energía positiva que es propagada en la atmósfera por hombres, mujeres y niños aumenta el poder y estimula la creación.

Por esta razón, en esta época de creación podemos hablar de los siete poderes de la Navidad:

  1. El poder de los sustratos.
    Todos los elementos que utilizamos para las prácticas son sustratos de poder, en ellos depositamos nuestra energía y, mediante el poder mental, la proyectamos en la cristalización de nuestros proyectos. Vapores, humos, esencias, aromas, baños, hierbas, etc., llevan nuestra energía y, por lo tanto, requieren nuestra meditación para ser activados, para ser más efectivos; Por ejemplo, la Esencia de Año Nuevo, los Baños o las Velas de Ghî se impregnan de nuestra proyección mental cuando estamos haciendo la práctica. Es necesario tener muy claro qué se quiere y buscar los sustratos adecuados para lograrlo; es como una receta de cocina.

  2. El poder de la pantalla mental.
    Cuando nos encontramos en estado de meditación profunda, debemos poner ante nuestros ojos aquel proyecto que queremos sacar adelante. Debemos creer que este proyecto prosperará, creer con fe y con fuerza mental. Al meditar de manera efectiva, podemos activar, propiciar y crear nuestros proyectos, todo depende de nuestra mente, de nuestra fe.

  3. El poder en estado de alerta y exaltación.
    En esta época de Navidad, la energía del ambiente está exaltada, en la atmósfera existe un mar de energía positiva. La mente, impregnada con las luces, la música y la alegría, está en alerta positiva y es en este estado de máxima energía que podemos meditar con fervor y materializar una idea.

  4. El poder de la unión o de la cadena.
    Toda esta energía que produce la mente y que impregna el ambiente se une, formando figuras superconductoras de poder. El ser humano construye esos vehículos energéticos que reciben la orden mental y la llevan a un punto de exaltación, creando y ordenando en el mundo físico ideas y proyectos.

  5. El poder del fuego y de la luz.
    El fuego y la luz impactan la mente, aumentan la memoria y el poder de concentración. En prácticas espirituales, la luz y el fuego son consagrados y ofrecidos. El elemento adquiere la dimensión poderosa del objeto sagrado que, unido al poder mental, puede activar el poder de proyección. La concentración frente a la luz del Ghî es poderosamente efectiva, el fuego ordena la mente y la encamina por el sendero correcto.

  6. El poder de la verdad enunciada.
    Este poder es un milagro que pocos conocen, pero es genuino y absolutamente maravilloso: siempre que se proyecte en la mente una idea, unida a una verdad vivida por un ser crístico, como Jesús, adquiere tanta fuerza y poder, que se crea y verifica en el plano físico rápidamente. Por ejemplo, la gran mayoría de personas desconocen el poder de aquella frase de la Novena de Aguinaldos que dice: «Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado», palabras de Jesús; la clave es la concentración.

  7. El poder de la devoción.
    Jesús nos enseñó que dentro de nosotros existe la imagen de Cristo que nos conduce y nos guía. Todo lo que hagamos para acercarnos a su presencia e influencia es válido y positivo. Las prácticas y la meditación nos concentran en el poder del ser interior y aumentan en nosotros el poder de la fe y la devoción.


Esta época es apropiada para baños y limpiezas. Mientras estamos haciéndolos, cerramos los ojos y recibimos de nuestro mundo interior toda la fuerza del Ser para limpiarnos o iluminarnos. Es el poder de la devoción al servicio de nuestra evolución.

 

 


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