Misterios de la humanidad

Publicado en06/09/2022 Por




Hablar de ciertos temas, sobre todo de aquellos que pueden ser controversiales, puede ser difícil y complejo, ya que se corre el riesgo de ser calificados de amarillistas, escandalosos y propagadores de las llamadas “seudociencias”.

Aunque estamos entrando en una época de comunicación, de velocidad y modernismo, aún existe mucho miedo en muchos seres humanos frente a lo desconocido o inexplicable y, en lugar de tratar de sobrepasar este miedo y ver las cosas con ojos de entendimiento, este tipo de personas suele escudarse en frases como “eso es herético”, “son temas del diablo”, “quienes estudian eso se vuelven locos”, “eso es pecado y es prohibido”.

Si a este miedo le sumamos el amarillismo de muchos medios, que suelen exagerar el sentido de las cosas con el fin de generar impacto, pues, nos encontramos con que reciben ciertos temas con recelo y defensa.

La verdad es que a muchos les parece más fácil que “no pensemos tanto”, que no seamos tan investigadores ni tan autónomos, que no nos alejemos del redil, que aprendamos cosas prácticas de memoria o que oigamos discursos que no dicen nada. Eso es lo que quisieran muchos, pero, más allá de las exageraciones e insensateces de internet y de los medios, salen a la luz evidencias que no se pueden ocultar; sería como tratar de tapar el Sol con un dedo.

En ocasiones anteriores hemos hablado de muchos elementos y objetos que aún son un misterio para la ciencia. Elementos que, por su antigüedad y evidente tecnología, son anacrónicos, es decir, están por fuera de lo que se espera que sea un objeto de una era en específico.

De esta manera, la ciencia ha descubierto objetos de miles y miles de años, pero que no deberían existir según nuestra historia. Hemos encontrado evidencia de que en el pasado remoto hubo aviones, lentes, máquinas de energía, bombillas, hombres conviviendo con dinosaurios e, inclusive, objetos imposibles que pareciera que hubiesen viajado en el tiempo.

También se han encontrado mapas “casi satelitales” imposibles para la época y figuras en distintas partes del mundo antiguo que “no son levemente parecidas a extraterrestres”, pero figuras, francamente, de extraterrestres; no hay lugar a dudas. Para la muestra está todo el corredor de Altamira, entre Francia y España, las pinturas Dogón, los Tassili en África y las antiquísimas Hopi en Norteamérica.

Durante décadas se ha tratado de datar las ruinas sumergidas cerca de Japón o las murallas sumergidas de Bimini cerca de la Florida en Estados Unidos, y los resultados de las cifras son tan “absurdas”, que simplemente han sido descartadas por “imposibles”.

Lo mismo ocurre con sucesos tan absurdos como el hallazgo de unas grutas excavadas en piedra en el Gran Cañón del Colorado, con imágenes egipcias en hierático arcaico, y, cuando la humanidad descubra lo que hay en el fondo de las aguas del lago Titicaca, tendremos que poner la historia en perspectiva. El Titicaca está entre Perú y Bolivia, en las cumbres de Los Andes, no es muy hondo, tiene en sus partes más profundas apenas cien metros de profundidad, pero es un lago grandísimo, con 8500 kilómetros cuadrados y su fondo es todo un museo.

Todos estos y muchos más objetos misteriosos descubiertos a lo largo de los siglos nos hacen pensar si lo que sabemos de nuestra humanidad es realmente cierto y si la historia es tan exacta como la cuentan los libros.

Con los descubrimientos del futuro tendremos que escribir de nuevo el hilo del tiempo de la humanidad en la Tierra.


Propiedad intelectual de Hilda Strauss. Todos los derechos reservados ©



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