Amistad en el matrimonio

Publicado en06/11/2019
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Amistad en el matrimonio

En el programa hemos hablado de la importancia de la amistad entre los esposos y de cómo esta es trascendental para el éxito de una pareja.

 

Cuando se desvanecen los encantos materiales, cuando se acaban las pasiones pasajeras, lo que queda es una amistad tan fuerte y bella, que genera una lealtad inquebrantable.

Ahora bien, para que exista una verdadera amistad entre esposos, es necesario que haya respeto y ternura en el trato diario. El respeto es la admiración por el otro: los amigos se admiran, se reconocen en sus fortalezas, en su capacidad de acción y, sobre todo, se ponderan el uno al otro en esas ventajas. Esto ayuda a la confianza y a la autoestima.

Jamás debemos caer en la situación en la que dejemos de respetar a nuestra pareja, a cualquier nivel. Es igual de grave y de inadmisible un empujón, un golpe o una grosería, que una frase horrible, desdeñosa, donde la humillación es latente. No hay nada más inaudito que descalificar a nuestra pareja con una comparación despectiva o con chiste malintencionado, que termina siendo humor cubriendo el maltrato.

La ternura, por otro lado, es otro aspecto clave para el bienestar de una relación. Con ternura no nos referimos a un trato cursi y pasajero, sino a una sensibilidad genuina y a una manifestación delicada del amor. La ternura es un sentimiento evolucionado de los seres humanos: los amigos que se tratan con ternura, se cuidan, siempre, sin perder la objetividad, sin dejar de decir la verdad y, sobre todo, sin perder la personalidad y el carácter.

La ternura nos da la capacidad de perdonar, de corazón, ofensas que nos hayan hecho. Pero, esto no quiere decir que debemos vivir en la humillación y en el desamor. No podemos seguir con la antigua recomendación de que el matrimonio debería conservarse aun a costa de nuestra propia desgracia y esclavitud. Hoy es distinto: debemos ser flexibles, prácticos, amorosos y poder olvidar las pequeñeces.

Tampoco debemos ser trágicos ni desmesuradamente rigurosos, porque, si fuera así, el matrimonio no nos duraría ni una semana; pero tampoco debemos ser tan apocados y aguantadores como para soportar maltrato, deslealtad, menosprecio y agresión toda la vida, y además creer que esto es normal. Debemos aprender una forma de vida equilibrada en la que es igual de importante el bienestar de la pareja como el nuestro.

Es trascendental que tengamos este balance claro y que lo busquemos constantemente en nuestra relación de pareja. Es primordial que ambas partes gocen de espacios personales, de pasatiempos y gustos individuales. Es comprensible que queramos consentir o complacer a nuestras parejas, pero debemos ser cuidadosos, pues este es un tema delicado y puede desequilibrar la balanza.

Por complacientes, podemos hacer daño y hasta terminar con nuestro matrimonio, aun cuando vivamos con nuestra pareja. ¿Cuántos matrimonios vemos absolutamente acabados que viven bajo el mismo techo?


 


Propiedad intelectual de Hilda Strauss. Todos los derechos reservados ©

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